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sábado, 12 de abril de 2025

análisis institucional


al principio todos decían "bien", pero después al rato cuando parece que habían entendido qué íbamos a hacer entonces empezaron a contar un poco más, a abrir esa gama imperfecta de emociones con que estamos hechos. ¿cómo hago una didáctica de las emociones? hacemos una ronda para que cada uno cuente cómo se sintió en su semana, qué hizo y qué emociones encontró. todos hablan, algunos menos, otros más, pero todos hablan y medianamente alguna escucha se sostiene. todo el rato hacemos esto, conversamos, les voy diciendo lo que creo de las emociones, voy intentando dejar mojones. después anotan cada uno, con autonomía, qué hicimos hoy, lo que sea hayan entendido que hicimos. algunas prácticas tienen sentido: como ya es la tercera vez que lo hacemos así, sus anotaciones cobran mayor fluidez. siguen repitiendo "yo copié un montón" y yo les sigo explicando que eso no es copiar, sino escribir: copiar copiamos de un pizarrón, de un libro, ahora estamos tomando apuntes, estamos escribiendo nosotros. les digo que hacemos así porque ya son grandes, pretendo, yo pretendo, legitimarlos, reconocerlos así en medio del cuidado que hacia ellos todavía intentamos. me entristece que nuestra pedagogía y nuestras ilusiones se llenen de "todavías", la vida no es todavía, la vida es, lisa y llanamente: el mundo nunca se da a pedacitos, solo la completud es mundo. escriben con muchísimos, demasiados errores, me molesto con las seños de grado. después la mau me dice que aunque ellas corrigen y corrigen, no hay forma y le creo. hay un error ortográfico por ejemplo en la brusquedad y ruido que manejan en el comedor y no lo podemos corregir tampoco. dejo de lado plenamente cualquier distinción entre emoción y sentimiento, cualquier berretada de cuenta de ig y cualquier intento de gerenciar emociones: hablamos y buceamos dentro nuestro a ver qué hay. me cuentan del miedo porque se vacunaron, porque vieron una sombra, porque escucharon un ruido. me cuentan de la frustración cuando pierden al fútbol o al free. también de la alegría o la tristeza de cuando llueve o no pueden venir. varios no podían salir de casa si llueve. otros viven en las vías. oigo sus vidas. vuelvo a casa. quién sabe.





la semana pasada escuché a varios estudiantes universitarios, de filosofía para más inri, aprovechar un resquicio que abrió una clase de análisis institucional para criticar con todo a la escuela a través de los argumentos ya sabidos (yo también los conozco, y les doy sus razones) de la dominación, la reproducción, el disciplinamiento y la mar en coche. me sorprendió para mal la gracia, el gusto y el goce con que hacian sus críticas a la escuela al momento de pensar en ella y cómo a nadie ahí, tampoco a la profe, se le ocurría recuperar la convivencia, al lado de todo eso, de las demás cuidados, ampliación de derechos y transformaciones que la escuela realiza. más en una materia de trayecto pedagógico, más habiendo elegido todos los que estamos ahí seguir viviendo de la escuela, en la escuela, con la escuela. iba a levantar la mano, pero ni ganas porque además me fui dando cuenta que todo aquello me entristecía demasiado. pensaba en beatriz que tan hermosamente describió en la maquina cultural cómo la escuela disciplinó y alfabetizó por partes iguales, con mismo esmero y eficacia. no nos gustaba que discipline, pero ahora ni alfabetizar podemos y queremos que los pibes no roben porque sino los queremos matar o apresar, ¿pero entonces quién les va a enseñar? yo desde que ganó este partido me puse más sarmientino en mi ideario educativo, qué caraj*s, si además a esa fantasía decimonónica le debo saber leer y escribir con el bien que eso me hizo. no estamos pudiendo enseñarles a los pobres a leer y escribir. no estamos pudiendo enseñarles a los pobres a leer y escribir, lo repito porque eso es el abandono pleno de un proyecto de país y entiendo que en la facultad eso no importe, porque los pobres no van a la facultad porque no les enseñamos a leer y escribir. yo sé, yo sé que los dilemas de la modernidad son arduos, pero los prefiero a esta mierd* coloreada tanto de fascismo como de progresismo.





digo, ¿no? tendría que haber diferencia entre un estudiante universitario criticando a la escuela a un funcionario de la patronal o un comentarista de elonce, porque a veces parece que no la hubiese y todos disfrutasen de pegarle. la escuela es un blanco fácil, si siempre hacemos agua por todos lados. sin embargo, en esa misma clase la profesora enumeraba la remanida serie contemporánea de complejidades en que están inmersos infancias y juventudes a nuestro alrededor para luego preguntar de manera retórica "¿qué hace la escuela con eso?", en un ademán que para quienes pasamos por las primarias no resulta incontestable sino fácilmente respondible. no será mucho lo que hacemos pero por el momento lo que sí hacemos con todo eso es recibirlo, seguir recibiéndolos a esos mismos gurises enguajados de vulnerabilidades, barbaries y entramados cada vez más enmarañados y díficiles. hacer eso, recibirlos, verlos, oírlos, intentar educarlos es ya en sí una tarea demasiado díficil como para que encima todo mundo tome por deporte defenestrar ese espacio. miren que no está lejos de los planes gubernamentales continuar su desmantelamiento, si total.

viernes, 21 de marzo de 2025

de mi compost salió un cítrico que mis papás llevaron hasta su patio para transplantar

 


Sobre la marcha de hoy, pero en general sobre este tiempo, suele decirse "a cuidarse" y "cuidemonos" pero sin precisar casi nunca qué sería cuidarse. ¿Qué cuidados preparamos? ¿Qué cuidados concebimos? Interrogo este cuidado político porque es el que me interesa, y sobre el que albergo mis ilusiones. Entonces, ¿cuál cuidado? 

En la última década, conocí muchas prácticas de cuidado en ambientes alejados de la discusión político partidaria actual del país. Esos espacios tienen en común haber sido transversales al último kirchnerismo, el macrismo, el gobierno del Frente de Todos, el aislamiento social y el actual avance totalitario. No fueron respuestas elaboradas para esas coyunturas sino lecturas amplias del avance del capitalismo sobre cuerpos, saludes personales y comunitarias, amores, infancias, tierritas, vejeces, artes, pedagogías y más y más. 

Aunque parezcan ingenuos por sus posicionamientos demasiado amplios, estos espacios me proporcionaron directrices de cuidado personal y comunitario mucho más claras que otras formas de militancia que haya conocido. 

Por eso ahora que hablamos, una vez más, de cuidarnos, me entusiasmo y me pregunto qué cuidado ensayaremos... Sí, iremos a marchar. Sí, trataremos de no caer en provocaciones. Sí, vamos a ir en grupo... ¿Pero podemos ir más profundo? 
Podríamos compostar quienes aún no lo hacen, dejar de tomar gaseosa quienes aún lo hacen. Regular el uso de la pantalla nuestra y de las infancias que acompañamos, movernos más. Podemos gastar nuestra plata en redes comunitarias en vez de transnacionales. Nada muy exquisito ni tiktoker, sino algo apenas más humano. Si tenemos el suficiente acomodamiento socio-economico para hacer paro o para ir a una marcha, también podemos ensayar cambios en nuestra vida. 

Dicho esto porque creo que han sido demasiado menospreciadas las prácticas de cuidado realizadas en esos espacios comunitarios y transversales que mencionaba más arriba: sus mingas, sus huertas, sus rondas, sus barajas. Siento que esos intentos han sido más criticados a veces que los propios bancos o el poder financiero. Durante la campaña pasada, sin ir más lejos, se criticaba a Grabois por derecha y por izquierda porque hablase de agroecologia y buen vivir. Teniendo muchísimos otros aspectos que podrían criticarse, el punto era ese. Yo, en cambio, desde el pie de mi depto barrial sentí lindo de oír esa palabra en una dirigente. La palabra que usa la Fer para su almacén, que usa el Nico para hablar de sus sueños, que usa la Alfon para mencionar sus clases o sus recorridos por el interior del interior.

Hace unos años creímos que la crisis planetaria de los cuidados junto a la proliferación de las enfermedades (respiratorias, cáncer y autoinmunes) podía hacernos de límite y viraje. Sin embargo, en términos políticos así no ha sido. ¿Entonces vamos a seguir ninguneando el cuidado o de verdad le daremos su lugar? En medio de una coyuntura en que lo que se debate es la seguridad previsional de un país, el término no es menor.


domingo, 16 de marzo de 2025

leí esta novela después de rendir




Hace unos días compré esta preciosa novela de Ana María Matute al emprendimiento Pueblos Libros. Fue el libro que elegí para que acompañe mi descanso luego de haber estado leyendo bastante las demás semanas para un quehacer puntual. 

Qué libro elegimos para que comparta con nosotros el pasaje por unos días transparentes y frágiles no es menor. Tenemos que afinar la mirada, abrir la intuición, confiar en lo que sabemos de antemano. Yo escogí éste por varios motivos. Entre ellos porque el usado que conseguí está en la colección rba de narrativa cuyas tapas duras y serias páginas siempre me conectan con una sólidez que no encuentro en otros lados y que de vez en cuando necesito. Me recuerdan todo lo que está enraizado ya en la vida, muchísimo más allá de nosotros. Tengo varios de esa colección que heredé y voy leyendo de a poco a través de los años, como en cuentagotas de esa contundencia que me dan y luego dejo decantar. 

También lo escogí porque había oído de su autora durante el aislamiento social. Vi su discurso al recibir el Cervantes, y también un documental donde hablaba una hermana que vivió con ella los últimos años. Tengo lindos recuerdos de todo aquello. 

En esa época me interesé también por otra autora que comparte con Matute tiempo, espacio e intereses que es Carmen Martín Gaite. De ella conseguí no recuerdo cómo "Ritmo lento", que devoré en esos días. Después leí "Entre visillos" que tiene un imaginario similar a "Primera memoria", este que ahora leí. Ambas escribieron durante el corazón del franquismo, apabulladas por esa quietud en la cual a pesar de todo vivían, amaban, crecían. Sus novelas recuerdan cuán hermoso y terrible puede ser un mundo cerrado. A mí me gusta leerlas por su lejanía con mi vida, y con las literaturas que suelo estudiar con más seriedad y compromiso.

Por mi oficio me volví perspicaz en observar y atender los sinuosos recorridos que traman las lecturas dentro nuestro. Miro sus muchísimos afluentes y derivas en mí mismo, pero también en quienes acompaño en sus procesos de lectura. Allí busco oír ese recorrido, visibilizarlo y ponerlo en valor para alentarlo y acariciarlo.

💫

Tengamos linda semana,

Kevin.

ayer y hoy estuve en la Semillera



te mando mensajitos dorados, como el cabello de los ángeles /// ayer el patio quedó hermoso, y siempre sueño más planes que hacer al departamento como a una caja de cristal hecha de oleajes de vida /// tan precioso y precario, precioso y precario /// nosotros nos quedamos acá, sosteniendo los hilos que derramamos /// cuando pienso lo que hubiera querido viene un rubor a mis ojos /// los oleajes de la vida enturbian, llenan, colman cada esquina del departamento /// en ocasiones me siento tan dichoso que guardo esa sensación, así un pan en rodajas, para después y cuando siento que algo me preocupa, entonces recuerdo "anteayer sabías está todo bien, estará todo para siempre bien" /// la vida me lleva de tan conmovido /// ¿puede observarse lo que está en movimiento? sí, con las esquirlas, los polvos, los pasajes del tiempo que no deja nada en su sitio /// podría pasarme la vida apreciando la vida /// pondré mosaicos con imágenes de la virgen en el pórtico, abriré más patios a mí alrededor, escogeré una biblioteca de madera sobre la cual hacer descansar las literaturas europeas /// tocaré cada continente y cada trozo de la historia desde mi departamento /// la vida brillará no como el reluciente futuro sino como el aroma sólido de las antigüedades cuya supervivencia nos espanta y consuela

viernes, 14 de marzo de 2025

Canciones por wasap. Algunos mensajitos después de escucharlas.

 


En el afiche de la presentación figuran dos cabinas telefónicas sostenidas por un palo que parece de alambrado. Las cabinas tienen capuchas que tapan los rostros de quienes dentro suyo hablan ya sea entre sí o a otras latitudes. Las cabinas recrean una de las formas de la comunidad de décadas atrás. Son teléfonos públicos, como ahora un grupo de verduras agroecológicas, de la organización de una marcha o los chismes de una escuela son formas públicas del wasap. Tan distintas esas cabinas a la telefonía del hogar, tan distinto lo que circula -lo que hacemos circular- en los wasap públicos a los del hogar. 

 Además las cabinas están sobre el cielo, haciendo hincapié en ese cáracter de teletransportación de la voz que posee la telefonía. Ese ámbito etéreo en que intervenimos al hablar a través de esos aparatos, tanto antes en esas cabinas como ahora. 

Este afiche lo crearon Tere González, cantautora chilena que visitó Paraná en estos días, y Fernanda Álvarez, creadora de nuestra ciudad que explora en los últimos años la composición musical. Ambas se hicieron amigas por wasap, y quisieron reponer partes de esa poética en el encuentro. Empezando por esa imagen que compartian. Recurrir a las cabinas, menos abundantes y más precarias que nuestro acceso cotidiano a los mensajitos, no es solo un gesto retrospectivo sino de huamanización de la técnica. Mandamos mensajitos, enviamos canciones por wasap, de la misma forma que en otro rato de nuestras vidas lo hacíamos en los teléfonos públicos. El gesto quiere decir que nosotros somos los mismos o que aún podemos ser los mismos. ¿Qué nos llevaba entonces a querer comunicarnos? ¿Qué nos llevaría ahora?


Así como las cabinas telefónicas reponían una forma pública de la comunicación a distancia, el grupo de wasap con que contó la presentación de Fernanda Álvarez y Tere González junto a Nicolás Montaña, Zotake y Luciana Insfrán fue una de esas maneras públicas de la app. Proyectado sobre el escenario mientras se esperaba, en uno de los intervalos y al final tuvo su momento de esplendor cuando comenzamos a mandarnos stickers que, sí los teníamos guardados, es porque en algún momento nos parecieron bellos, graciosos o picantes. Para mí ahí huo un momento precioso y encatador de la música. Compartirnos esos stickers entre personas medianamente conocidas fue una picardía en la cual abríamos, desde la risa, pedacitos de nuestro intimidad. Quiero decir, fue una forma de compartirnos intimidades que no sé si nos habríamos compartido de otro modo. 

En esos stickers había referencias a dibujitos animados que alguna vez vimos o que miramos de reojo pero con agrado y por eso los guardamos en nuestras pantallas. Los ositos cariñositos, Bob Esponja y Patricio Estrella, el protagonista de La historia sin fin montado a su dragón. Pero no eran las únicas referencias a la infancia porque también abundaron los niños bailando, sonriendo o subiendo y bajando anteojos. Y tampoco fueron las únicas referencias a la televisión, puesto que Mirtha, La Niñera y Moria también aparecían. Alguin compartió uno de Cristina con uns congas en la mano, y otros algunos más abstractos con gatitos, chistes, Luis Miguel, el Chapulin o perritos saltando. Compartir un sticker, como una canción, supone subvertir los registros y mostrar algo que nuestra intimidad decodificó de manera particular y ahora nos da transformado. Pensaba qué tipo de organización tan diferente nos proponía esa travesura frente a otras que podíamos tener. Por estos días que tanto pensamos que debiéramos organizarnos para ir contra a, nuestra presencia ahí algo aletargada del día y sus pesadumbres, proponía que hay restos de fuerza, alegría o deseo que pueden todavía crear mundillos.


Tanto Fernanda como Tere se refirieron a esto al comenzar leyendo textos escritos por otras personas que aludian directamente a los conflictos políticos y ambientales en que ahora vivimos. Al hacerlo, Fer se corrigió dos veces mientras decía "estamos como tristes" para decir más bien "estamos tristes" y creemos que estos espacios "como que nos sirven" para decir "nos sirven". Esa corrección fue uno de los gestos políticos más altos de la noche porque se atrevía a decir que algo nos pasa y vence y que algo hacemos con eso aunque no sea en línea directa. Ambas realidades, la tristeza y nuestros mundos, la injusticia y nuestras canciones pasan, a la vez, como por líneas inalámbricas que asemejan las cabinas telefónicas. 

En este momento alguien en el público dijo que Bullrich, la ministra de seguridad de nuestro país, responsable política de la represión policial de anteayer, renuncie a su cargo. Si bien el pedido estuvo, no fue secundado porque hace tiempo fuimos sacando las consignas de muchos, muchísimos, espacios comunitarios que habitamos. En algunos todavía perviven -como en el ciclo "El teatro argentino celebra su público" donde al final de las funciones se pide que en Instituto Nacional del Teatro no sea cerrado-, pero en tantos otros el idioma para referirnos a lo que sucede se vuelve más abstracto. Hemos tenido nuestros argumentos para hacerlo así, pero se extrañan las consignas, la claridad de poder decir con esto, acá sí, aquello de más allá no me parece. ¿Qué quisiéramos pedir? ¿Qué consigna enviaríamos por télefono? ¿Qué mensajito hariamos circular? ¿Qué consigna proyectaríamos sobre la pared? ¿Cuál cantaríamos? No tiene que ver con la presentación de nuestras artistas, sino con lo que como comunidad estamos pudiendo.

En el público había músicos, editores, cineastas, profes. Adolescentes, jóvenes, viejas. Más o menos nos conocemos, y también tenemos la confianza suficiente para compartirnos stickers y criticar lo que está pasando asumiendo todos que está pasando. También coincidimos en ir a buscar ese encuentro que sucedió, oír eso que pasó. Son plataformas comunes desde las que algo se sostiene.



Después están las canciones que, claro, anidadas por estas levedades se asemejan y emparentan en sus búsquedas. Sobre los padres, las sensaciones personales, los territorios habitados. Con muchísima dulzura y ganas de llenar de "magia el templo que habita mi mente". Las canciones de ambas, pero también las melodías que Nico, Zotake y Luciana hacian para acompañarles, se enuncian como pensamientos dulces. No dicen que estará todo bien, pero casi. En ese sentido son un mensaje, como un envío teledirigido que salta por sobre las precariedades afectivas y políticas de este presente para pulsar en un más allá inalámbrico donde no estamos, pero con el que nos comunicamos. 



domingo, 9 de marzo de 2025

monedas, lluvia y hervor / sábado 8 de marzo


Mientras hierve, bajo acariciado por la lluvia y pago con qr dos tarritos chiquitos de salsa de tomate baggio, uno para ahora y otro para más adelante por si me faltan otra vez tomates. Me siento como si mi celular arrojara moneditas, tal cual la lluvia que cae tan apacible alrededor nuestro y puedo saber con certeza cómo es todo esto lo que me alimenta. Vierto la sangre de los tomates sobre las verduras hirvientes. Luego las lentejas que ayer a la mañana (hacia calor y estaba todo iluminado alrededor del departamento por un sol devorador) puse en agua para que hoy, en esta mañana construida por mil previsiones, estuviesen más blandas y suaves, más blandas y suaves las lentejas, las lentejas que también parecen monedas, monedas, moendas. Pero más pequeñas y oscuras, lavadas por la mañana en la lluvia de la canilla mientras me hacia el mate y me iba a otro cuarto y las dejaba un rato a solas con el aire, la brisa que pasa por las ventanas abiertas de esta lluvia también ella remojada, suave, blanda. Corté una verdura de cada una, batata, zanahoria, calabaza y ajo, total cocino para mí solo, y las puse con la confianza de las recetas ya transitadas. Fui valiente y dejé la olla al fuego cuando bajé a comprar los tarritos, cuánta confianza en el mundo, qué pena no tener tomates frescos, pero asistiendo al milagro repentino de que esas conservas de baggio en mis manos, por las escaleras que bajé para comprarlas, por los restos de saldos con que las pagué, por la olla de verduras agroecológicas, de legumbres agroecológicas que traen mis amigas hasta Paraná, por el empeño de mis deseos, no sé, se volvieron ellas también más suaves y dignas como si a mi olla le pusiera pedacitos del bien del mundo, pedacitos del mal del mundo para que me alimenten juntos, como si pudiera comerme las monedas resbaladizas de la lluvia, las lentejas y los saldos. Puedo percibir cómo toda la escena me alimenta, cómo me como cada deseo, todo eso que no cabe en ningún reel ni en los recetarios, todo eso que ahora mismo limpia los pensamientos y me deja a solas con mis hervores para intentar concentrar en él las porciones del mundo con que me alimento.

los mirajes del deseo / viernes 7 de marzo




A medida que nos acercábamos, la realidad iba acentuándose y borrando los mirajes del deseo". La expresión, bellísima, es de Fray Mocho cuando está, junto a unos baqueanos, cortando campo durante la excursión. Publicado en el umbral del siglo pasado, "Un viaje al país de los matreros" constituyó un pleno "cinematógrafo criollo" como el periodista quiso llamarlo: tratar de dar cuenta de un viaje, en este caso a los pajonales entrerrianos, especialmente a través de la descripción, las pinceladas que pueden ser del paisaje humano, la flora, la fauna o las costumbres. Fray Mocho intenta describir con la misma premura una tarde de torta fritas, la caza del peludo o la doma del potro que le regalaran.

Formó parte él también a su tiempo de un paisaje de escritura que poco a poco aprendía en el oficio períodistico -una novedad para la época y el lugar- cómo novelar la realidad que le rodeaba. Ejercicios análogos de contrabando entre uno y otro registro pueden leerse en Payró y Gerchunoff por aquel entonces y en las mismas revistas.

¿Qué territorios contar? ¿Cómo hacerlo? ¿Qué metáforas propias y ajenas se cuelan en ese ejercicio? ¿Qué futuros alberga cada letra inescrupulosa? ¿Qué pasados? Podríamos hacernos cientos de mates preciosos con que albergar todavía nosotros el tiempo vacío de la ficción, su materialidad deshecha, su ilusión salvaguardada.

precarias y abudantes / jueves 27 de febrero



Vuelvo a casa y desparramo el mate, la cáscara de bana, la yerba orgánica, el libro de eduner que compré con descuento y bastante barato, la provista de estas semanas en la semillera. Paso revista y veo el agua perfumada, los libros propios y ajenos sobre la mesa del comedor, los ingredientes que elijo para un almuerzo en los prolegómenos de la siesta. Paso revista y veo todas nuestras ilusiones. Al llegar al almacén, dos conocidas traman junto a la Fer cómo subir una foto para hacer tratamientos faciales. Noto cómo le ayudan, como cuando a la Fer le damos vueltas por el almacén con otra amiga tratando de mirar cómo hacerlo más vistoso, más claro, más directo. Abrimos y cerramos, todo el rato, propuestas, esperanzas, consejos. Estamos más grandes. La amiga con cuerpo angelical cuenta sus dolores, y yo no puedo creer quepan cuellos adoloridos en su cuerpo, en su manera tan hermosa de estar en el mundo. ¿Por qué será no podemos nunca vernos como nos vemos? Hablamos de cómo hacer tal día, cómo pedir lo que necesitamos. Somos por esta mañana un presente efervescente y festivo como cuando llego a casa y armo el almuerzo con esos mismos rumores, con esa misma imagen precisa de nosotras. ¿Cómo hicimos para ser tan precarias y abundantes? ¿Cómo nos las arreglamos para tenerlo todo y nada? Conviven con cada uno de nuestros días la pérdida y el tesoro, los condimentos más magníficos, las búsquedas más preciosas y esa trama endeble que tantas veces nos gustaría transformar. Ceci dice desde su viaje que la Fer parece estar echando un hechizo. Yo siempre que la veo pesar el arroz, las lentejas, los garbanzos pienso en ese poema de Circe Maia acerca de la pesadora de perlas a quien ópaca mirada podría perderla. La imágen más justa para quienes tamizamos cada perla, confundidas con el oro por su brillo pero no por su corazón.

domingo, 1 de septiembre de 2024

A veces me hago el mate antes de dormir aunque tome pocos y permanezca casi intacto hasta la mañana siguiente, cuando ya no sirve. A veces me hago el mate antes de dormir para convocar al sueño en cada gesto, atrayéndolo con la costumbres de la vida. Como si quisiera endulzar sus oídos diciéndole la vida sigue cuando estamos a punto de ser hechizados.

En verdad, a veces me hago el mate antes de dormir porque preciso aliviarme sintiéndome libre y para mí, desde hace mucho, la libertad se vincula a una experiencia del tiempo, a su apertura indecidible, a tener tiempo aunque no sepa para qué, aunque sea tanto que me atore. En una entrevista Leila Guerriero decía que para escribir necesitaba tiemplo amplio y despejado, saber que tendría toda la tarde para sí, que no seria interrumpida siquiera por el menor de los mandados. A veces necesito tiempo así, otras encuentro las aberturas del tiempo andando, en camino a una ocupación, en medio de una tarea. No es un animal manso el tiempo, sino ubicuo, contradictorio, ecléctico. No sabemos ni de sus caricias ni de sus dentelladas suficiente para dejarnos llevar por él, no se entrega a nuestras faldas ni cabalgamos confiados sobre su lomo.

Si sé que se adhiere al cuerpo, se siente en él, le brinda pesos o liviandades, ritmos, idiomas, sagacidades. Me hago el mate para saber que el tiempo aún está allí, conmigo, a los alcances de mi mano, listo para ser atravesado como el espacio que también me dice, a medida que entro al tiempo, a medida que la noche se vuelve tiempo, que todavía puedo tocarlo, que aún no sé sobre el territorio, que no he perdido la primicia del mundo.




domingo, 7 de julio de 2024

aquí están mis ojos, y un verso de Amanda Berenguer




Aquí están mis ojos. Son el ajuar conque fui entregado al mundo. Vuelvo a abrir mis diarios íntimos porque me cuesta concentrarme, y porque la escritura desdice mi interior. A medida que toma forma, la intimidad se deshace y deja pozos en mí donde puedo volver a llenar como sorbos de té, lágrimas, sudores, gotitas de lluvia. 

Vuelvo a abrir mis diarios íntimos. Dejo pasar dragones, novelas enteras, imágenes viejas. Estamos, como dice un verso de Amanda Berenguer, al otro lado de la pantalla y alrededor nuestro se inscribe el cinematógrafo. "Hoy podrían comenzar a filmarse los sueños del universo", dice Amanda a mediados de los ochenta en un país chico del sur latinoamericano, en los crepúsculos de su dictadura. ¿Somos los sueños del universo? ¿Sus desgracias?

Vuelvo de filmar mis recuerdos, anoto día a día mis memorias, compongo la melodía de mi archivo. No nacimos con recuerdos, sino con rocas vacías, incrustadas en nosotros para conservar visiones pasajeras. Cuando describe su nacimiento, Amanda dice que hacía frío y calor, era de noche y día, estaba en el sur y en el norte. Las imágenes superpuestas, el procedimiento del oxímoron en toda la estrofa, quiere simular la apertura del pasaje, el momento mágico, qué sino, donde se abre un lado y otro y estamos entonces en presencia de la apertura. Así decía Rilke debe haberse sentido la anunciación en los ojos de María, como un ciervo solo en medio del bosque que consigue mirar hacia atrás y hacia adelante. Hay diminutos gajos de tiempo, perlas que se vuelven túneles a través de los cuales la realidad pierde consistencia. Hoy podrían comenzar a filmarse los sueños del universo, hoy podríamos recibir los anuncios del espíritu santo, hoy podríamos remedar nuestro nacimientos.

no sé quién soy / cuatro entradas de diario


Ahora me doy cuenta, cuando me siento intranquilo, que me siento desprotegido y mi cuerpo no duerme porque necesita estar atento a las acechanzas del mundo. Siento en la superficie de mi cuerpo, luego de años de pasajes por la ansiedad, los sentimientos envolverme. Veo el proceso hormiguearme las pieles con una claridad que años atrás no tenía, y en esto reside mi aprendizaje.

Bien mirada, la sabiduría que la enfermedad vino a depositar en mí era bastante simple y modesta. Sin embargo, no estaba allí con esa facilidad con que ahora, aunque la sensación persista, puedo verla y tomarla. ¿Tanto puede ser el olvido sobre nuestro cuerpo? ¿Tanto puede ser el olvido sobre el sentido? Pareciera que sí. 

La interpretación no alcanza a saltear el síntoma, pero me devuelve humanidad frente a él. Me sigue costando hablar de ansiedad sin que el término se confunda con la generalidad. No, no es una generalidad sino una forma singular de nuestra angustia. Atravesada por la época, claro, como cualquier angustia, como cualquier locura. Que a todos nos pase no le baja el precio.

Prefiero decir "enfermedad" a decir "ansiedad". ¿Cómo le contaría a un niño lo que me pasó? Le diría que me enfermé. Usaría la palabra que aparece en los cuentos, la que me recuerda por qué no salgo de casa esos días, por qué me siento más débil, por qué no puedo. Porque estoy enfermo.

Hablar de enfermedad también permite colocar la cura en el horizonte. Yo sí creo en las enfermedades y en las curas. Creo que vamos a análisis a curarnos, ¿sino para qué? Todo bien con saber que el psicoanálisis cuestiona la idea de cura... pero yo necesito decirle a mi cuerpo aquí estoy, yo te cuido, yo busco curarte. 

Entonces espero todo lo que mi cuerpo tarde en llegar a dormirse, y despejo sus alrededores para que descanse. Quiero que descanse, porque recién entonces cuando descansa mí cuerpo me cuida a mí por todo lo que yo lo cuido a él. Solo entonces, nos contamos secretos.

*

*    *

Creo las personas podemos ser de muchísimas maneras. A veces nos esforzamos por seguir un camino cuando a nuestro alrededor vemos un sinnúmero de ejercicios distintos de la vida. El otro día conocí a alguien que solo come carne, y le cuesta mucho comer verduras. Parecía feliz, tiene pareja, trabajo y una hija. Nos recibió en su casa a comer con muchísima hospitalidad y nos ayudó a hacer el guiso de lentejas. Hace años conocí a alguien que dejó la carne hace bastante y, también, ciertas cocciones del alimento. También parece feliz, tiene sus amores, sus trabajos y su hijo. 

Resulta tonto hacer la cuenta, sobre qué tiene cada uno pero a los pensamientos les sirve así. A veces yo me he sentido muy mal por no tener pareja, y un amigo de novio hace años se sentía mal al lado mío por no saber qué hacer de su vida. Yo hace tiempo sabía de la mía. Entonces cada uno un poquito, y el deseo coloreando las faltas. 

Hay días que me he sentido mal por tener panza, y me he acordado de una señora en la esquina de casa gordísima desde que soy pequeño. Ella no se murió por ser gorda, yo no me moriré por tener la panza hinchada de las harinas esta semana. No sé si está bien pensarlo así, quiero escribirlo porque quiero conocerlo. Los pensamientos suceden en borrador, pocas veces tienen formas definidas. 

Cuando tengo un problema a veces parece que abarcará todo alrededor mío, por eso está bueno decir no me voy a morir por. Cuando podemos pensar que las personas vivimos de muchas maneras estamos pudiendo pensar que vivimos con y no morimos por. Porque después nos morimos mágica y raramente, también debemos decir. 

La vida es una narrativa tácita, subterránea a todos los problemas, vicisitudes, logros y aventuras que colocamos en su superficie. La vida estaba abajo de todo eso, continúa alrededor de todo eso. Desde hace unos años me interesa pensar cuán conscientes podemos ser de esa trama sólida que pervive debajo de nuestra fragilidad, nuestro vaivén. Podríamos encontrar muchísimo poder en la observancia de ese desenvolvimiento de la vida porque ahí empieza a ser la vida, no nuestra vida. 

Las poéticas cotidianas, el ejercicio diario que hacemos de la vida, la forma en que ocupamos nuestro tiempo, cómo dormimos y despertamos, allí está el relato. No estaremos muchísimo tiempo aquí, entonces todo puede volverse más pequeño para entrar a nuestro pensamiento. Hay quienes dicen que el inconsciente sabe que moriremos, pero se hace el loco. Otros creen que no, que en verdad no sabe y cree en su propia eternidad. En todo caso nos toca a nosotros, y ese es nuestro gesto más humano, decirle que todo pasará. Adentro nuestro los pensamientos tienen un tiempo, pero alrededor nuestro hay tantísimos otros tiempos. Tal vez tenemos que enseñar a nuestros pensamientos y corazones el tiempo. Esto que aquí pasa, eso que acá sucede, esta sensación es, amor mío, el tiempo. Y estas aquí, son las personas. Mira con tus ojos dorados cómo aparecen, cómo desaparecen, cómo permanecen. Trata de encontrar, corazón mío, vida, mi vida, aprendizaje en cómo gastan sus delicadas monedas de oro.

*

*   *

Trabajo sobre mi vida, una superficie que no comprendo. Me asusto cuando no sé cómo quisiera sea lo que me rodea. En el fondo permanezco, como en un cofre, entre los alrededores de la realidad. Tanto el vacío como la existencia están en los márgenes de mis oídos y yo no les pertenezco a uno ni a otro signo.

Todas las emociones que me inundan me son desconocidas. Me rehúso a comprenderlas. En ocasiones celebro mis hazañas, y en otras las maldigo. Creo que en medio lo que hay es un común olvido. Como si mi identidad estuviera hecha de olvidos y recordaciones, y no pudiera verme. Claro que tengo miedo, pero incluso el miedo es una emoción que no comprendemos.

*

*    *

No sé muy bien quién soy. Me gusta pensar que ninguno de nosotros lo podría saber en verdad, y también que forma parte de nuestra incertidumbre humana no saberlo. Pero igual, igual me pasa que no sé quién soy. Todos estos días, un poquito me lo pregunto. Hubo montones de momentos en que podía tomar una senda, y con seguirla un tiempo más, con permanecer en ella, podía llegar al final obteniendo algo, un título, un trabajo, una identidad que dijeran quién soy por mí. Ni siquiera con mí deseo soy claro. Cuando me dicen si quiero me llamen en femenino o masculino les digo que no sé. En verdad no sé. ¿Por qué alguien sabría cuál es su género? Me parece muy lejano estar seguro de cómo quiero que sea. A veces me siento muy bien con ropa femenina, otras con ropa masculina. Cuando sé que a alguien le calienta, aminoro mucho más mi voz y me hago la distraída. Pero después cuando estoy enseñando algo a alguien, me pongo fuerte, no débil. 

El otro día escuchaba a una chica contarle una anécdota por mail a Martín Cirio, el youtuber que oigo cada día. Desde el principio la chica colocaba nombres a cada experiencia "un vínculo", "una patología del tipo", "comencé un contacto cero que duró", "entonces hubo una secuencia". Me parece muy lejano que cada situación de la vida pueda llamarse de algún modo. Cuando me preguntan qué hago y les digo que soy "escritor" y "educador", me vuelven a preguntar qué hago. Si solo les digo educador, muchas veces quieren traducirlo por maestro, profesor o qué. ¿Por qué no abrirnos a los muchos idiomas que tenemos cada persona? ¿Por qué insistir tercamente en una lengua homogénea? Más todavía con las pruebas constantes que nos ofrece el mundo de su inestabilidad alrededor nuestro. ¿Por qué querríamos ser alguien aquí?

Me pasé varios días volviendo a ver la vida de un extraterrestre este mes, y hace casi un año que por las noche oigo a Monseñor Isidro Puente Ochoa, un sacerdote mexicano enfocado en reconstruir la Iglesia a partir de la restauración de la liturgia y los seminarios menores. Él da misas en latín, haciendo una lectura heterodoxa y original de los documentos del Concilio Vaticano II. Está en Tijuana, México, y cada uno de sus sermones son grabados y subidos. Me encanta oírle hacer distinciones teológicas, contar anécdotas y argumentar en favor del sentido común. Todo lo que dice, todo lo que escucho, está muy distante de quién soy. Pero igual lo escucho, supongo que porque me gusta saber que la vida puede ser de otras maneras. Me es tan lejano el mundo que él relata que termino ensoñado, pensando cómo será la vida allá en el convento, tras las sierras.

Todo sería más fácil si fuese claro, pero mis claridades son pocas y valiosas. Mientras tanto, cada vez que podía tener una identidad, un título, un trabajo que respondiera por mí quién soy, elegí quedarme con la pregunta. Espero valga la pena.

viernes, 22 de enero de 2021


Nuestra gata es muy hermosa. Esta mañana limpiaba con la palma de mi mano una sábana blanca. Al sacudirla salía el polvo de los días y hacía un ruido de cascabeles veloces. Por otra habitación vino y trepó, abiertas todas sus extremidades, abiertos los ojos en par, tratando de cazar sonido y movimiento que la excitaban visiblemente. Era una gracia su cuerpo negro sobre la sábana blanca, el escándalo de su alegría. Parecía una niña intentando cachar todo junto, chasquido, tela y palma.

Son momentos que caen como sombras traviesas sobre la jornada. Una sobreimpresion producto de poner nuestras vidas juntas y dejar que el dibujo traspase la hoja de calcar. La compañía que nos provee entonces no es una evidencia, ni una sutileza sino una magia que vuelve. 

Cuando atardece y entran por los ventanales las luces mezcladas por las hojas de los fondos, ella elige y cambia de posiciones entre el patiecito, los mosaicos y la cocina. Voy y vengo con el agua por regar. Ya no somos niñas, sino viejas y hacemos las tareas entre el placer y el fastidio, tanta puede ser la fuerza de los días. Un amarillo muy dorado, un punto menos fuerte que el oro, bendice una de sus orejas, transparenta parte de su rostro y me murmura secretos indescriptibles en tanto azorada la miro y miro. Nuestra gata es muy hermosa.




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Fotito - Mariel Visconti 




lunes, 3 de agosto de 2020

Cotidianidad y expectación


William Eggleston , Untitled (Laundry Line), 1970s


Durante una de las historietas que circularon de manera contemporánea a la emisión del envío televisivo, Doña Florinda se detiene a explicar a Clotilde los motivos por los cuales ella siempre lleva puestos ruleros. Si fue Clotilde quién le preguntó, será Florinda quien responda: "Vea usted. Todas las mañanas, me levanto, me los pongo, porque mi intención es terminar el trabajo y todo y por la tarde, para recibir al Profesor Jirafales...no, no, a mi hijo Quico que viene de la escuela, pretendo quitármelos y estar bien peinada y todo pero no sé qué pasa que el día está lleno de trabajo y de pronto es la noche y me los tengo que quitar casi para dormir".

La transcripción del pasaje permanece fiel a la voz de Florinda Meza interpretando el papel, dejando adivinar incluso sus gestos durante el parlamento. (Hasta tal punto estamos ante una imaginación que ha unido indisolublemente cuerpos y lenguas, reales y ficticios). Allí, en ese texto explicativo, se da cuenta de esa cierta familiaridad (vecindad") por la que se logra un carácter común y cotidiano que, dicen, Chespirito quiso intensamente imprimir a sus personajes. En efecto, muchos años después, mientras Florinda da las explicaciones a los motivos por los cuales su tocaya usa ruleros, va a recalcar que es así como ha de pasarles a muchas mujeres comunes, amas de casa. 

Sin embargo,habría que ir más allá de este rasgo cotidiano que el programa Chespirito quiso construir como su propia poética. La apuesta sería tratar de ver si allí no se abre paso una clave fundante de la aparente mezcla de atemporalidad/maravilla, cotidiano/aventura, tiempo/infancia, detención/cambio que parece haber hecho poder girar las más de dos mil horas filmadas por un grupo finito de actores interpretando un número de personajes que los multiplicaba, más no los expandía. Es decir, ¿cómo pudo haberse hecho de lo cotidiano una expectación? ¿De qué modos nos fue dado a ver lo cotidiano para llegar al punto de causarnos fascinación?

Mientras tanto, si en algo ilumina el pasaje es en saber que la imaginación-Chespirito necesitó un trabajo de doble vía a través del cual construir el sintagma "vida cotidiana". Porque si las escenas, la vestimenta, la escenografía, los diálogos, las muletillas, los enredos estaban destinados a repetirse induciendo lo cotidiano, iban a ser necesarios otros elementos como indicios de vida. No bastaba con que esas personas se nos presentasen siempre así, sino que debíamos creer que esas personas vivían siempre así. Y entre presentar y vivir, como entre actuar y creer, hay una distancia que solo los imaginarios sutiles, aquellos que bordean las tramas de lo decible/filmable pueden tramar.

En este sentido, las puertas de cada casa de la vecindad, los pasillos, las escenas en que vemos al Dr. Chapatin abandonar el consultorio camino a una casa que no conocemos, el lugar de donde viene Chaparrón antes de estar sentado donde está sentado, los muchos sitios donde Chompiras duerme son lugares que nunca se nos muestran, pero cuya existencia debe sostenerse hablando de ellos, dando lugar a un argumento. El rulero en bucle, la parte "vida" de "vida cotidiana", es algo de lo que se rinde cuentas, una explicación que debe darse: un grupo de puntos suspensivos que mansos intentan adormecerse en la lengua de sus propios personajes.

Así, si las muchas horas grabadas en el programa (que sean más de dos mil ochocientas es un dato que también debemos a Florinda) no alcanzan para filmar una vida, se encargan a su vez de señalarla, pero de una manera tal que su existencia (la de la vida) no nos parezca una escándalo sino una sutura. "Y de pronto es de noche", dice Florinda para entender, quizá ella misma, por qué jamás se sacará sus ruleros. Trabajo, movimiento y lengua son puestos al servicio de un lugar vacío sobre el que sin embargo se flota, ejerciendo así un poder fascinante. El asunto es que ese lugar vacío es ocupado por la palabra "vida", la jamás nombrada, la siempre aludida. Allí se confunde y condensa el concepto mismo de actuación que en Chespirito se juega; pues tal vez no haya, en la lengua de nuestros cuerpos latinoamericanos, poética mejor en que decir nuestra vida. Que producto de esa juego de imágenes en espejo que intentó decir nuestra vida cotidiana (Chespirito es la novela latinoamericana post-boom), nuestra vida nos haya sido devuelta como un lugar común (el más común de los lugares) es algo sobre lo que aún deberemos pensar si reprocharnos, o agradecer.




me llené de mocos

Me llené de mocos. No deben haber aparecido mágicamente, pero los noté con claridad el viernes a la tarde, en el exacto compás en que acabab...