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sábado, 12 de abril de 2025

análisis institucional


al principio todos decían "bien", pero después al rato cuando parece que habían entendido qué íbamos a hacer entonces empezaron a contar un poco más, a abrir esa gama imperfecta de emociones con que estamos hechos. ¿cómo hago una didáctica de las emociones? hacemos una ronda para que cada uno cuente cómo se sintió en su semana, qué hizo y qué emociones encontró. todos hablan, algunos menos, otros más, pero todos hablan y medianamente alguna escucha se sostiene. todo el rato hacemos esto, conversamos, les voy diciendo lo que creo de las emociones, voy intentando dejar mojones. después anotan cada uno, con autonomía, qué hicimos hoy, lo que sea hayan entendido que hicimos. algunas prácticas tienen sentido: como ya es la tercera vez que lo hacemos así, sus anotaciones cobran mayor fluidez. siguen repitiendo "yo copié un montón" y yo les sigo explicando que eso no es copiar, sino escribir: copiar copiamos de un pizarrón, de un libro, ahora estamos tomando apuntes, estamos escribiendo nosotros. les digo que hacemos así porque ya son grandes, pretendo, yo pretendo, legitimarlos, reconocerlos así en medio del cuidado que hacia ellos todavía intentamos. me entristece que nuestra pedagogía y nuestras ilusiones se llenen de "todavías", la vida no es todavía, la vida es, lisa y llanamente: el mundo nunca se da a pedacitos, solo la completud es mundo. escriben con muchísimos, demasiados errores, me molesto con las seños de grado. después la mau me dice que aunque ellas corrigen y corrigen, no hay forma y le creo. hay un error ortográfico por ejemplo en la brusquedad y ruido que manejan en el comedor y no lo podemos corregir tampoco. dejo de lado plenamente cualquier distinción entre emoción y sentimiento, cualquier berretada de cuenta de ig y cualquier intento de gerenciar emociones: hablamos y buceamos dentro nuestro a ver qué hay. me cuentan del miedo porque se vacunaron, porque vieron una sombra, porque escucharon un ruido. me cuentan de la frustración cuando pierden al fútbol o al free. también de la alegría o la tristeza de cuando llueve o no pueden venir. varios no podían salir de casa si llueve. otros viven en las vías. oigo sus vidas. vuelvo a casa. quién sabe.





la semana pasada escuché a varios estudiantes universitarios, de filosofía para más inri, aprovechar un resquicio que abrió una clase de análisis institucional para criticar con todo a la escuela a través de los argumentos ya sabidos (yo también los conozco, y les doy sus razones) de la dominación, la reproducción, el disciplinamiento y la mar en coche. me sorprendió para mal la gracia, el gusto y el goce con que hacian sus críticas a la escuela al momento de pensar en ella y cómo a nadie ahí, tampoco a la profe, se le ocurría recuperar la convivencia, al lado de todo eso, de las demás cuidados, ampliación de derechos y transformaciones que la escuela realiza. más en una materia de trayecto pedagógico, más habiendo elegido todos los que estamos ahí seguir viviendo de la escuela, en la escuela, con la escuela. iba a levantar la mano, pero ni ganas porque además me fui dando cuenta que todo aquello me entristecía demasiado. pensaba en beatriz que tan hermosamente describió en la maquina cultural cómo la escuela disciplinó y alfabetizó por partes iguales, con mismo esmero y eficacia. no nos gustaba que discipline, pero ahora ni alfabetizar podemos y queremos que los pibes no roben porque sino los queremos matar o apresar, ¿pero entonces quién les va a enseñar? yo desde que ganó este partido me puse más sarmientino en mi ideario educativo, qué caraj*s, si además a esa fantasía decimonónica le debo saber leer y escribir con el bien que eso me hizo. no estamos pudiendo enseñarles a los pobres a leer y escribir. no estamos pudiendo enseñarles a los pobres a leer y escribir, lo repito porque eso es el abandono pleno de un proyecto de país y entiendo que en la facultad eso no importe, porque los pobres no van a la facultad porque no les enseñamos a leer y escribir. yo sé, yo sé que los dilemas de la modernidad son arduos, pero los prefiero a esta mierd* coloreada tanto de fascismo como de progresismo.





digo, ¿no? tendría que haber diferencia entre un estudiante universitario criticando a la escuela a un funcionario de la patronal o un comentarista de elonce, porque a veces parece que no la hubiese y todos disfrutasen de pegarle. la escuela es un blanco fácil, si siempre hacemos agua por todos lados. sin embargo, en esa misma clase la profesora enumeraba la remanida serie contemporánea de complejidades en que están inmersos infancias y juventudes a nuestro alrededor para luego preguntar de manera retórica "¿qué hace la escuela con eso?", en un ademán que para quienes pasamos por las primarias no resulta incontestable sino fácilmente respondible. no será mucho lo que hacemos pero por el momento lo que sí hacemos con todo eso es recibirlo, seguir recibiéndolos a esos mismos gurises enguajados de vulnerabilidades, barbaries y entramados cada vez más enmarañados y díficiles. hacer eso, recibirlos, verlos, oírlos, intentar educarlos es ya en sí una tarea demasiado díficil como para que encima todo mundo tome por deporte defenestrar ese espacio. miren que no está lejos de los planes gubernamentales continuar su desmantelamiento, si total.

domingo, 7 de julio de 2024

no sé quién soy / cuatro entradas de diario


Ahora me doy cuenta, cuando me siento intranquilo, que me siento desprotegido y mi cuerpo no duerme porque necesita estar atento a las acechanzas del mundo. Siento en la superficie de mi cuerpo, luego de años de pasajes por la ansiedad, los sentimientos envolverme. Veo el proceso hormiguearme las pieles con una claridad que años atrás no tenía, y en esto reside mi aprendizaje.

Bien mirada, la sabiduría que la enfermedad vino a depositar en mí era bastante simple y modesta. Sin embargo, no estaba allí con esa facilidad con que ahora, aunque la sensación persista, puedo verla y tomarla. ¿Tanto puede ser el olvido sobre nuestro cuerpo? ¿Tanto puede ser el olvido sobre el sentido? Pareciera que sí. 

La interpretación no alcanza a saltear el síntoma, pero me devuelve humanidad frente a él. Me sigue costando hablar de ansiedad sin que el término se confunda con la generalidad. No, no es una generalidad sino una forma singular de nuestra angustia. Atravesada por la época, claro, como cualquier angustia, como cualquier locura. Que a todos nos pase no le baja el precio.

Prefiero decir "enfermedad" a decir "ansiedad". ¿Cómo le contaría a un niño lo que me pasó? Le diría que me enfermé. Usaría la palabra que aparece en los cuentos, la que me recuerda por qué no salgo de casa esos días, por qué me siento más débil, por qué no puedo. Porque estoy enfermo.

Hablar de enfermedad también permite colocar la cura en el horizonte. Yo sí creo en las enfermedades y en las curas. Creo que vamos a análisis a curarnos, ¿sino para qué? Todo bien con saber que el psicoanálisis cuestiona la idea de cura... pero yo necesito decirle a mi cuerpo aquí estoy, yo te cuido, yo busco curarte. 

Entonces espero todo lo que mi cuerpo tarde en llegar a dormirse, y despejo sus alrededores para que descanse. Quiero que descanse, porque recién entonces cuando descansa mí cuerpo me cuida a mí por todo lo que yo lo cuido a él. Solo entonces, nos contamos secretos.

*

*    *

Creo las personas podemos ser de muchísimas maneras. A veces nos esforzamos por seguir un camino cuando a nuestro alrededor vemos un sinnúmero de ejercicios distintos de la vida. El otro día conocí a alguien que solo come carne, y le cuesta mucho comer verduras. Parecía feliz, tiene pareja, trabajo y una hija. Nos recibió en su casa a comer con muchísima hospitalidad y nos ayudó a hacer el guiso de lentejas. Hace años conocí a alguien que dejó la carne hace bastante y, también, ciertas cocciones del alimento. También parece feliz, tiene sus amores, sus trabajos y su hijo. 

Resulta tonto hacer la cuenta, sobre qué tiene cada uno pero a los pensamientos les sirve así. A veces yo me he sentido muy mal por no tener pareja, y un amigo de novio hace años se sentía mal al lado mío por no saber qué hacer de su vida. Yo hace tiempo sabía de la mía. Entonces cada uno un poquito, y el deseo coloreando las faltas. 

Hay días que me he sentido mal por tener panza, y me he acordado de una señora en la esquina de casa gordísima desde que soy pequeño. Ella no se murió por ser gorda, yo no me moriré por tener la panza hinchada de las harinas esta semana. No sé si está bien pensarlo así, quiero escribirlo porque quiero conocerlo. Los pensamientos suceden en borrador, pocas veces tienen formas definidas. 

Cuando tengo un problema a veces parece que abarcará todo alrededor mío, por eso está bueno decir no me voy a morir por. Cuando podemos pensar que las personas vivimos de muchas maneras estamos pudiendo pensar que vivimos con y no morimos por. Porque después nos morimos mágica y raramente, también debemos decir. 

La vida es una narrativa tácita, subterránea a todos los problemas, vicisitudes, logros y aventuras que colocamos en su superficie. La vida estaba abajo de todo eso, continúa alrededor de todo eso. Desde hace unos años me interesa pensar cuán conscientes podemos ser de esa trama sólida que pervive debajo de nuestra fragilidad, nuestro vaivén. Podríamos encontrar muchísimo poder en la observancia de ese desenvolvimiento de la vida porque ahí empieza a ser la vida, no nuestra vida. 

Las poéticas cotidianas, el ejercicio diario que hacemos de la vida, la forma en que ocupamos nuestro tiempo, cómo dormimos y despertamos, allí está el relato. No estaremos muchísimo tiempo aquí, entonces todo puede volverse más pequeño para entrar a nuestro pensamiento. Hay quienes dicen que el inconsciente sabe que moriremos, pero se hace el loco. Otros creen que no, que en verdad no sabe y cree en su propia eternidad. En todo caso nos toca a nosotros, y ese es nuestro gesto más humano, decirle que todo pasará. Adentro nuestro los pensamientos tienen un tiempo, pero alrededor nuestro hay tantísimos otros tiempos. Tal vez tenemos que enseñar a nuestros pensamientos y corazones el tiempo. Esto que aquí pasa, eso que acá sucede, esta sensación es, amor mío, el tiempo. Y estas aquí, son las personas. Mira con tus ojos dorados cómo aparecen, cómo desaparecen, cómo permanecen. Trata de encontrar, corazón mío, vida, mi vida, aprendizaje en cómo gastan sus delicadas monedas de oro.

*

*   *

Trabajo sobre mi vida, una superficie que no comprendo. Me asusto cuando no sé cómo quisiera sea lo que me rodea. En el fondo permanezco, como en un cofre, entre los alrededores de la realidad. Tanto el vacío como la existencia están en los márgenes de mis oídos y yo no les pertenezco a uno ni a otro signo.

Todas las emociones que me inundan me son desconocidas. Me rehúso a comprenderlas. En ocasiones celebro mis hazañas, y en otras las maldigo. Creo que en medio lo que hay es un común olvido. Como si mi identidad estuviera hecha de olvidos y recordaciones, y no pudiera verme. Claro que tengo miedo, pero incluso el miedo es una emoción que no comprendemos.

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*    *

No sé muy bien quién soy. Me gusta pensar que ninguno de nosotros lo podría saber en verdad, y también que forma parte de nuestra incertidumbre humana no saberlo. Pero igual, igual me pasa que no sé quién soy. Todos estos días, un poquito me lo pregunto. Hubo montones de momentos en que podía tomar una senda, y con seguirla un tiempo más, con permanecer en ella, podía llegar al final obteniendo algo, un título, un trabajo, una identidad que dijeran quién soy por mí. Ni siquiera con mí deseo soy claro. Cuando me dicen si quiero me llamen en femenino o masculino les digo que no sé. En verdad no sé. ¿Por qué alguien sabría cuál es su género? Me parece muy lejano estar seguro de cómo quiero que sea. A veces me siento muy bien con ropa femenina, otras con ropa masculina. Cuando sé que a alguien le calienta, aminoro mucho más mi voz y me hago la distraída. Pero después cuando estoy enseñando algo a alguien, me pongo fuerte, no débil. 

El otro día escuchaba a una chica contarle una anécdota por mail a Martín Cirio, el youtuber que oigo cada día. Desde el principio la chica colocaba nombres a cada experiencia "un vínculo", "una patología del tipo", "comencé un contacto cero que duró", "entonces hubo una secuencia". Me parece muy lejano que cada situación de la vida pueda llamarse de algún modo. Cuando me preguntan qué hago y les digo que soy "escritor" y "educador", me vuelven a preguntar qué hago. Si solo les digo educador, muchas veces quieren traducirlo por maestro, profesor o qué. ¿Por qué no abrirnos a los muchos idiomas que tenemos cada persona? ¿Por qué insistir tercamente en una lengua homogénea? Más todavía con las pruebas constantes que nos ofrece el mundo de su inestabilidad alrededor nuestro. ¿Por qué querríamos ser alguien aquí?

Me pasé varios días volviendo a ver la vida de un extraterrestre este mes, y hace casi un año que por las noche oigo a Monseñor Isidro Puente Ochoa, un sacerdote mexicano enfocado en reconstruir la Iglesia a partir de la restauración de la liturgia y los seminarios menores. Él da misas en latín, haciendo una lectura heterodoxa y original de los documentos del Concilio Vaticano II. Está en Tijuana, México, y cada uno de sus sermones son grabados y subidos. Me encanta oírle hacer distinciones teológicas, contar anécdotas y argumentar en favor del sentido común. Todo lo que dice, todo lo que escucho, está muy distante de quién soy. Pero igual lo escucho, supongo que porque me gusta saber que la vida puede ser de otras maneras. Me es tan lejano el mundo que él relata que termino ensoñado, pensando cómo será la vida allá en el convento, tras las sierras.

Todo sería más fácil si fuese claro, pero mis claridades son pocas y valiosas. Mientras tanto, cada vez que podía tener una identidad, un título, un trabajo que respondiera por mí quién soy, elegí quedarme con la pregunta. Espero valga la pena.

domingo, 7 de abril de 2024

como si el ruido pudiera molestar




A la mañana cuando desperté me hice el mate y lo puse en mis brazos para cargar la tarjeta. Los días de calor sofocante habían quedado atrás, y ahora estábamos en la humedad de las lloviznas y los rayos de sol. Hice todo el camino despacio, agradeciendo las baldosas rotas de mi barrio, la vegetación, la fauna de nuestras miradas en este trozo de ciudad. Quizás me engaño, pero en esos momentos siento que todos estamos tranquilos. No solo yo, sino todos quienes conformamos por ese tiempo el derredor. Quienes no estamos en la escuela o el trabajo, y nos dejamos ir en los mandados y las veredas. Esos mundillos son cofres de belleza, a los que no llego siempre ni de todos los modos pero en donde me encuentro afortunado y gozoso.

Después fui a la escuela, y cuando llegué tuve dos grados mínimos, menguados por la lluvia de la mañana. Con el primero jugamos a escribir con unos naipes donde hay, juntos, animales y libros. Pero con el que siguió nos pusimos a leer un cuento, porque el aguacero y la cantidad que éramos se prestaba para conocerlos desde allí. Todos sonrientes y dispuestos, atentos a lo que haríamos. Los estudiantes anteriores les habían dicho que íbamos a copiar un montón para poder engañarlos y aliviarlos al entrar, al mirarme y al preguntar. Con ellos leímos uno de los relatos que más adoro de nuestra preciosa literatura infantil argentina, y al que hace tiempo no regresaba. Un cuento que escribió Gustavo Roldán en los primeros años de la última democracia, “Como si el ruido pudiera molestar”, donde los animales del monte asisten, juntos y desconcertados, a la muerte del tatú. La historia se sostiene apenas en dos o tres mecanismos. La conversación de los niños animales con don Sapo al borde del río, donde ellos no entienden qué será morir y él les explica con los recuerdos acerca de aquello que emocionó y encendió al viejo tatú durante su vida. El viento entre las hojas, la forma en que trae y se lleva las penas de los animales y enmarca el pequeño acontecimiento de ese día. La escena del corazón del cuento en que el tatú siente frío, pide ir a su cueva, cierra los ojos y muere. Como educador y lector, siempre agradezco a Roldán la sinceridad de esa escena donde desde hace décadas hace tibio lugar a la muerte en nuestra literatura a través de unos pases que alcanzan sencillez y profundidad. 

Antes de leerlo temí lastimar algo de la ternura que veía en los rostros de este grado que recién me encontraba. Aún no me hago a la idea que puede haber caras distintas cada año, aunque muchas veces oí de pequeño que nosotros no nos quedaríamos sin trabajo puesto que niños habría siempre. Todavía sopeso la carga de esa afirmación, su multiplicidad a través de las aulas y los años. Confié mientras lo elegía en las conversaciones silentes que la literatura sostiene entre las personas, pero también en la necesidad de presentarnos, el taller y yo, desde esas latitudes. Leí despacio, tratando de colocar en mi voz la tranquilidad que el sapo tiene para con piojos y corzuelas. A ellos les pareció relajante y calmo.

A la salida hice unas cuadras de tierra y nos mandamos mensajitos con el Nico Indelángelo y lo acompañé a repartir unas mieles hasta donde Jime y Eva. Durante días no veo a nadie, y de repente me encuentro con todos o lleno cada huequito de mi jornada a través suyo. Me acuerdo y me olvido, simultáneamente, que existen. Me dio mis mieles, me dejó en casa de Noe y Juan y celebramos el cumpleaños de su pequeño. Desde la escuela ya estaba feliz pensando en esta visita, en encontrarme a la Alfon, probar las recetas que habían preparado con una dedicación que hacía apenas unos días había podido atestiguar con orgullo y simplicidad: nunca creí tener amigos, no estaban en mis planes cuando era pequeño, y todavía ahora en mi adultez veo cada una de sus presencias como apariciones, milagros, hallazgos en los cuales aprecio y guardo en mi corazón cada pasaje a su intimidad que me otorgan. Sin quererlo, me acuerdo mucho de las anécdotas, dónde estábamos, qué vimos, qué hacíamos, qué dijimos. En esos recuerdos la vida nunca es grandilocuente, sino que tiene una escala más precisa y acotada. La dimensión justa y necesaria para que nos suceda todo cuanto pueda pasarnos. No se diferencian allí los sucesos más graves o importantes de otros, sino que siento puedo recordarlos por igual y saber cómo tradujo aquello la vida, qué sitio le dio, cómo nos colocó allí.

Fue esa, de hecho, una tortura hermosa de estos días mientras te despedíamos. Acordarme de cada vez que te vi, todas o casi todas, porque todavía no sé si estos días me traerán alguna más. Me alegra y llena que el día de tu muerte haya sido una fecha así como la cuento -y la cuento para guardarla en mi corazón- llena de carisma en mi vida. Haber contribuido a que la existencia sea ese día esponjosa y amorosa mientras te ibas. No sé si te habrás deshecho mientras dormía o cuando desperté y tardé en levantarme, arremolinado en las sábanas. Mientras hacía el mate en la diminuta cocina del Paraná XIV, la de mis abuelos. Mientras corría la tiza sobre la pizarra y ponía, con mi mejor cursiva, las consignas del día. Alguna de las tantas veces a lo largo del día en que cerré los ojos, en que me sentí privilegiado, en que besé la cabeza de Piero, a cuyos padres, mis amigos, agradecí infinitamente su presencia el día después cuando me quedaba ahí en los costaditos de tu velorio, un poco temblando, otro tanto confundido por tu partida.

Con cada uno de los que venían nos abrazamos sin decir nada y sin hacer ruido, como si el ruido pudiera molestar. Incluso las lágrimas que tuve ese día o este vacío, este sopor que nos acompaña todavía, incluso este dolor es dulce. No creo el cuerpo sea una cáscara aunque se le parece. Pero no, no puedo ser una cáscara o habría que volver a entender qué son las cáscaras porque esta está hecha de un material muy fino y delicado, preparado en capas y capas de tiempos sucesivos para poder tocarnos, oírnos, atravesar la tela de los ojos…. Todo lo que tenemos. Vestiduras de estrella, mirlo, jazmín, rocío para guardar dentro suyo hechos maravillosos, anuncios tardíos de los ángeles. Cáscaras los cuerpos, pero sin adentro ni afuera. Vestiduras las nuestras, pero sin ningún cuerpo. Cuerpos los nuestros, pero hechos de misterio, carne invisible, nombres de ensueño. Efímeros no nosotros sino el mundo y el tiempo al que nos dedicamos, pacientes e irremediables, a deshojar.

Seguí, 17 y 18 de marzo...

domingo, 28 de febrero de 2021

el got talent

 

Una mujer con alas de utilería llega al micrófono y se presenta. Alcanza a decirnos su nombre antes de llorar. Desde el jurado le consultan el motivo de sus lágrimas. Lleva todo el día muy emocionada. El tema que nos cantará significa mucho para ella.

El escenario es notable. Detrás, una pantalla led proyecta el logo del programa la mayor parte del tiempo, como si de un verdadero telón se tratase. Durante algunas presentaciones, las imágenes cambian en función de lo que está aconteciendo allí delante. En el borde superior cuelgan cruces en blanco, una por cada miembro del jurado, con sus nombres incluidos. Si durante el número ellos desacuerdan con lo que está sucediendo, presionan un botón rojo delante suyo: esto convierte la cruz superior de ese jurado, inmediatamente, al mismo color. El botón rojo no es usado siempre, sino apenas en los casos en que resulta necesario mostrar un disgusto excepcional. Si el desacuerdo con el talento mostrado no es para tanto, se espera a las valoraciones y votos. En estos puede expresarse lo negativo y ofrecer un "no" en lugar de un "sí".

También existe un botón para mostrar agrado excepcional. El botón dorado (golden buzzer, en su versión original) supone un pase directo a las semifinales. Cuando se aprieta, cae una lluvia de papel picado sobre el protagonista y la cruz del jurado que presionó se vuelve dorada. Incluso en cada edición suena una música característica del momento dorado. Es una ceremonia de imprevista consagración: los vídeos de botón dorado son una categoría aparte entre todos los que hay de cada got talent en youtube.

Además hay otra cruz, pero en el piso del escenario. Marca a los concursantes donde pararse. Al no estar acostumbrados a estar dentro de la tele sino a mirarla, no saben cuál es el mejor sitio donde estar para convertirse en imágenes.

La mujer alada está parada sobre su cruz. Tiene delante el micrófono, con pie y todo. Había perdido la ilusión de cantar hace más de diez años, cuando su pareja falleció. Comienzan a cerrarse los hilos sueltos entre su presencia, las alas y el rostro. Paz se sonríe y la mira, asintiendo. La desconocida con alas afirma que él es un ángel pleno. Los aplausos hacen de transición hacia la actuación.

Esos aplausos vienen de las plateas, repletas, pero también de unos balcones que cubren el añejo teatro. El público tiene que estar allí, volverse también él mismo una imagen. A su vez, su criterio (sus aplausos) sirve al jurado como ilustración de un talento. Un talento, aunque no se sepa nunca muy bien qué es ni qué implica, lleva implícita siempre una relación con esa multitud desconocida que logra, por intermedio del talento que les es revelado, vincularse íntimamente con quien está sobre escena.

En este caso, ¿a qué será que aplaude el público? ¿Al dolor de la muchacha o a la capacidad de su amante para volverse ángel? ¿Es una defensa ante la posibilidad de morirnos, como si aplaudiesen a la muerte para aplazarla por ruido? ¿O es un aplauso de coraje, que nos manda enfrentarnos juntos a lo que sucede?

Cuando comienza, la balada se nos hace conocida. Está en otro idioma, pero no importa: rescatamos algunas palabras del inglés. Noche, límite, corazón. Su voz está a la altura de las emociones. Se mimetizan talento y emoción, parece no pudieran separarse. En una compilación de "audiciones emocionantes" los editores han tenido el decoro de quitar las valoraciones posteriores. Aunque se esfuercen por no redundar ni repetirse, las palabras que continúen a las “audiciones emocionantes” son esquirlas de una ola mayor que ya llegó a su cresta y solo puede descender. 

Atravesando la desilusión, la mujer se ha parado allí a contar su historia. Durante los minutos de canción, sus manos se han movido conversando con un fantasma. La cámara capta esta coreografía minimalista, un contacto con la invisibilidad adyacente. Ha usado el escenario como una plataforma desde la cual mediar con otros mundos, a la vez que enunciarse en éste. Todo ese movimiento es tomado por jurado y público con naturalidad. Hay pudor y sorpresa, también lágrimas, pero nada de ello detiene lo que sucede en el escenario. En todo caso, lo prepara y acompaña.

Por necesitar el escenario, la historia parece no pertenecer del todo al yo. La mujer se para y cuenta su historia. Pero, ¿de dónde vienen las historia? Ésta por ejemplo, ¿de adentro suyo?, ¿del mundo pasando por su cuerpo? ¿Habla por sí ésta mujer? ¿o habla por quien ya no puede hablar?



Las veces en que el botón dorado se aprieta se enlazan inmediatamente a la emoción. Muchas veces es la emoción misma la que la provoca. Las compilaciones del American's got talent ejemplifican bien esa serie. Cristopher, acompañado por una mujer anciana (podría ser su mamá o su abuela, resulta es su abuela) canta The rose. Su voz es tremenda y el tema se desliza sobre las muchas formas que decimos es el amor cuando hablamos acerca de lo que desconocemos. A diferencia de su firme voz, su cuerpo ha temblado todo el momento previo y posterior. Acá la emoción es por lo frágil. En otro una niña pequeña y muy decidida canta los agudos al gritar this girl is on fire, fire, fire. Ahí la emoción es por lo pequeño. Susan Boyle regresa al ciclo que le dio fama e interpreta una balada omnipotente en que nos vuelve a hablar desde el corazón. Ahí el botón tiene que ver con la justicia.

Pero hay otros casos (y en la versión española también los hay) donde el botón dorado se conecta a la emoción en el momento mismo de darse. Tal vez lo que ha sucedido es del orden de la proeza, la maravilla o la técnica y no toca necesariamente la conmoción emocional de los cuerpos. Sin embargo, al otorgarse esa marca dorada como una corona de excepción para los participantes, estos se quiebran y ceden a la emoción por la dificultad, la justicia, el merecimiento, el logro...

Cuando la televisión trabaja en el lenguaje de los afectos nos descubre comunes, y no hay motivo para que ese dato le quite mérito. La emoción es esperable e igualadora, tal vez una de nuestras últimas ilusiones democráticas no sin razón interpelada por medios masivos y política por igual. Los niños con cáncer, las mujeres golpeadas y el chico que perdió a su amigo -y le canta que está celoso de la lluvia que sí lo puede tocar-, todos ellos también desfilan por las cruces  de asistentes y jurado. El pase vip recién conseguido los sorprende porque, aunque el relato se repita, las personas parecemos estar hechas de algo que no. Es en esa situación que lloran, como si dentro tuviesen un botón que al accionarse les permitiese derramar agua similar a la lluvia hecha en papel picado color oro que está cayendo encima de ellos.



El got talent se vuelve una novela sin guion. A medida que vemos los vídeos, y no importa en qué orden, los jurados, el presentador, incluso quienes llegan a actuar, se nos van haciendo más familiares cada vez. Sus reacciones se tornan esperables, o por esa misma codificación es posible aportarles expectativa, intriga o sorpresa. Como todo reality, el got talent comparte con las telenovelas una trama a ser revelada en el tiempo de emisión. El hecho de que esa trama no pueda ser escrita de antemano suma riesgos que parecen resultar atractivos al programa emitido.

Muchos no lo observan por la televisión sino a través de youtube. Por lo que se lee debajo de cada vídeo, parece tratarse de personas que no viven en España, y por ello no logran dar con espacios de emisión del envío, ya sea en cable o en línea. Son muchos los latinoamericanos que asisten al got talent desde sus remotos hogares tercermundistas. Los espectadores se vuelven sus propias madres
cuando, pongamos por caso, miran Elif por la pantalla de Telefe en nuestro país. Ésta otra novela no será turca, pero sí española y para distancias y otros paisajes parece lograr equivaler.

La mirada puede recortarse, ella también, sobre algún personaje como en toda novela. Volverlo nuestro favorito. Una de las últimas incorporaciones puede llenar ese lugar en el caso de Dani Martínez. Humorista contemporáneo en su tierra, se incorporó al got talent en la edición anterior, la de 2019. Su
comicidad se yergue desde el cuerpo y la improvisación de situaciones (sketchs) que otros jurados, conductor, público o participantes le permitan. Todo ello acorde a su pose y profesión.

Sin embargo, por las características del programa, las imágenes mueven a Dani hacia otro tipo de situaciones a la vez. El susto, el llanto y la seriedad también son habitados por su rostro en cada gala. Podemos asistir a la performance de sus ojos, donde además de sonrisa caben otras cosas.

Unas motos le pasan encima durante un juego de piruetas. Un bailarín francés se draguea y hunde el rostro de Dani sobre sus tetas de almohadón. Un grupo de niños refugiados marroquíes que han sido abandonados en la frontera se paran y cantan delante suyo. La necesidad de defender a una pareja de baile del juicio de Risto Meijide lo lleva a ponérsele de espaldas y menearle.

¿Sabrá Dani lo que hacen nuestros ojos con su cuerpo? En cada descolocamiento de sí mismo que el show provoca, caben cada vez más fantasías y posibilidades sobre su masculinidad. La otra noche una mujer se hacía la enamorada suya sobre el escenario mientras hundía un clavo sobre la nariz. De la punta de ese clavo colgaba el retrato de Dani Martínez. El galán estaba delante, aunque tuvo que darse vueltas varias veces y hasta tuvo miedo cuando esa Marilyn excéntrica le pidió que sacase la espada que acababa de ponerse entera dentro de la boca.


A veces las mujeres cantan, pero otras aparecen magos que hacen trucos de cartas u objetos, escapes o ilusión mental. Todo con audiencia y jurado por testigos y partícipes. Anterior a la que ahora se está emitiendo, el got talent español tuvo un jurado conformado por Dani Martínez, Risto Mejide, Edurne y Paz Padilla.  En la que se está emitiendo ahora falta Paz. Entre los comentarios de youtube, muchos se preguntan por la ausencia de Padilla, aclamada humorista en su país, que siempre ponía buen rollo al asunto y codiciaba la musculatura de los fortachones que se presentaban a levantar pesos por talento. Ella decía la pasaba mal en los números de riesgo. Santi Millán, el presentador del got talent, preguntaba a una Paz de ojos rojos qué le había parecido el número. Un muchacho acababa de sumergirse en una caja de cristal y agua por ocho minutos. Llevando al límite el tiempo sin respirar ("jugando con las cosas que necesitamos para vivir, el agua y el aire" dijo Edurne muy atinada esa noche), mientras buscaba zafarse de unas cadenas para poder salir. Ahí fue la vez que ella dijo no le gustaban esos números así, donde era necesario ponerse en tanto riesgo. “¿Por qué lo hacen?”, preguntó... “¿Por qué lo haces?”

La pregunta de Paz quedó sin respuesta esa noche. El muchacho contó algo acerca de las posibilidades e imposibilidades dentro de un cuerpo: él era del partido de lo posible. Pero la interrogación de Paz excedía a ese muchacho mojado que tenía delante y se ubicaba más allá.

Es curioso nadie recuerde esto en los comentarios a los vídeos que se están subiendo actualmente. En uno de ellos, la consulta se expresa así: "No entiendo por qué no está Paz en los vídeos. Los veo a Risto, Dani y Edurne pero no a Paz". Se trata de una escritura voraz, que pasa por el vídeo arrasando con todo su significado y llevándoselo consigo. La lectura que hace confunde vídeo y programa, y sin distinguir uno de otro se pregunta por qué no está Paz en el vídeo, y no en el programa.

Otra posibilidad es que de veras le hayan molestado los muchos comentarios en plan tío ofuscado de Risto. Mejide hace de duro. Su moral es alta, expresando siempre conceptos nobles acerca del valor, la bondad, el talento, la emoción, el público y la televisión. Su conducta juega a ser coherente e intachable. Lleva gafas de sol todo el tiempo, velando sus ojos. Una vez se puso romántico y dijo que esto era porque su prometida era la única que tenía derecho a verlos o que él solo tenía ojos para ella, una cosa por ahí.

Volviendo a nuestros ojos, a medida que pasan los vídeos por ellos se van prodigando memorias de una vida que nunca tuvimos pero con la que igual fantaseamos. ¿Qué canción cantaríamos sobre el escenario? ¿Qué tipo de alas de utilería llevaríamos con nosotros? Tal vez estos vídeos no lleguen a ser ficciones, sino algo menor, más rudimentario y previo. Fábulas o cuentitos apoyadas en un espacio más difuso e inestable entre vida, poesía y realidad. Aunque es cierto ninguno de esos tres términos logren equivalerse y tan solo se señalen mutuamente hasta necesitarnos.

me llené de mocos

Me llené de mocos. No deben haber aparecido mágicamente, pero los noté con claridad el viernes a la tarde, en el exacto compás en que acabab...