Mostrando entradas con la etiqueta teléfono. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta teléfono. Mostrar todas las entradas

viernes, 14 de marzo de 2025

Canciones por wasap. Algunos mensajitos después de escucharlas.

 


En el afiche de la presentación figuran dos cabinas telefónicas sostenidas por un palo que parece de alambrado. Las cabinas tienen capuchas que tapan los rostros de quienes dentro suyo hablan ya sea entre sí o a otras latitudes. Las cabinas recrean una de las formas de la comunidad de décadas atrás. Son teléfonos públicos, como ahora un grupo de verduras agroecológicas, de la organización de una marcha o los chismes de una escuela son formas públicas del wasap. Tan distintas esas cabinas a la telefonía del hogar, tan distinto lo que circula -lo que hacemos circular- en los wasap públicos a los del hogar. 

 Además las cabinas están sobre el cielo, haciendo hincapié en ese cáracter de teletransportación de la voz que posee la telefonía. Ese ámbito etéreo en que intervenimos al hablar a través de esos aparatos, tanto antes en esas cabinas como ahora. 

Este afiche lo crearon Tere González, cantautora chilena que visitó Paraná en estos días, y Fernanda Álvarez, creadora de nuestra ciudad que explora en los últimos años la composición musical. Ambas se hicieron amigas por wasap, y quisieron reponer partes de esa poética en el encuentro. Empezando por esa imagen que compartian. Recurrir a las cabinas, menos abundantes y más precarias que nuestro acceso cotidiano a los mensajitos, no es solo un gesto retrospectivo sino de huamanización de la técnica. Mandamos mensajitos, enviamos canciones por wasap, de la misma forma que en otro rato de nuestras vidas lo hacíamos en los teléfonos públicos. El gesto quiere decir que nosotros somos los mismos o que aún podemos ser los mismos. ¿Qué nos llevaba entonces a querer comunicarnos? ¿Qué nos llevaría ahora?


Así como las cabinas telefónicas reponían una forma pública de la comunicación a distancia, el grupo de wasap con que contó la presentación de Fernanda Álvarez y Tere González junto a Nicolás Montaña, Zotake y Luciana Insfrán fue una de esas maneras públicas de la app. Proyectado sobre el escenario mientras se esperaba, en uno de los intervalos y al final tuvo su momento de esplendor cuando comenzamos a mandarnos stickers que, sí los teníamos guardados, es porque en algún momento nos parecieron bellos, graciosos o picantes. Para mí ahí huo un momento precioso y encatador de la música. Compartirnos esos stickers entre personas medianamente conocidas fue una picardía en la cual abríamos, desde la risa, pedacitos de nuestro intimidad. Quiero decir, fue una forma de compartirnos intimidades que no sé si nos habríamos compartido de otro modo. 

En esos stickers había referencias a dibujitos animados que alguna vez vimos o que miramos de reojo pero con agrado y por eso los guardamos en nuestras pantallas. Los ositos cariñositos, Bob Esponja y Patricio Estrella, el protagonista de La historia sin fin montado a su dragón. Pero no eran las únicas referencias a la infancia porque también abundaron los niños bailando, sonriendo o subiendo y bajando anteojos. Y tampoco fueron las únicas referencias a la televisión, puesto que Mirtha, La Niñera y Moria también aparecían. Alguin compartió uno de Cristina con uns congas en la mano, y otros algunos más abstractos con gatitos, chistes, Luis Miguel, el Chapulin o perritos saltando. Compartir un sticker, como una canción, supone subvertir los registros y mostrar algo que nuestra intimidad decodificó de manera particular y ahora nos da transformado. Pensaba qué tipo de organización tan diferente nos proponía esa travesura frente a otras que podíamos tener. Por estos días que tanto pensamos que debiéramos organizarnos para ir contra a, nuestra presencia ahí algo aletargada del día y sus pesadumbres, proponía que hay restos de fuerza, alegría o deseo que pueden todavía crear mundillos.


Tanto Fernanda como Tere se refirieron a esto al comenzar leyendo textos escritos por otras personas que aludian directamente a los conflictos políticos y ambientales en que ahora vivimos. Al hacerlo, Fer se corrigió dos veces mientras decía "estamos como tristes" para decir más bien "estamos tristes" y creemos que estos espacios "como que nos sirven" para decir "nos sirven". Esa corrección fue uno de los gestos políticos más altos de la noche porque se atrevía a decir que algo nos pasa y vence y que algo hacemos con eso aunque no sea en línea directa. Ambas realidades, la tristeza y nuestros mundos, la injusticia y nuestras canciones pasan, a la vez, como por líneas inalámbricas que asemejan las cabinas telefónicas. 

En este momento alguien en el público dijo que Bullrich, la ministra de seguridad de nuestro país, responsable política de la represión policial de anteayer, renuncie a su cargo. Si bien el pedido estuvo, no fue secundado porque hace tiempo fuimos sacando las consignas de muchos, muchísimos, espacios comunitarios que habitamos. En algunos todavía perviven -como en el ciclo "El teatro argentino celebra su público" donde al final de las funciones se pide que en Instituto Nacional del Teatro no sea cerrado-, pero en tantos otros el idioma para referirnos a lo que sucede se vuelve más abstracto. Hemos tenido nuestros argumentos para hacerlo así, pero se extrañan las consignas, la claridad de poder decir con esto, acá sí, aquello de más allá no me parece. ¿Qué quisiéramos pedir? ¿Qué consigna enviaríamos por télefono? ¿Qué mensajito hariamos circular? ¿Qué consigna proyectaríamos sobre la pared? ¿Cuál cantaríamos? No tiene que ver con la presentación de nuestras artistas, sino con lo que como comunidad estamos pudiendo.

En el público había músicos, editores, cineastas, profes. Adolescentes, jóvenes, viejas. Más o menos nos conocemos, y también tenemos la confianza suficiente para compartirnos stickers y criticar lo que está pasando asumiendo todos que está pasando. También coincidimos en ir a buscar ese encuentro que sucedió, oír eso que pasó. Son plataformas comunes desde las que algo se sostiene.



Después están las canciones que, claro, anidadas por estas levedades se asemejan y emparentan en sus búsquedas. Sobre los padres, las sensaciones personales, los territorios habitados. Con muchísima dulzura y ganas de llenar de "magia el templo que habita mi mente". Las canciones de ambas, pero también las melodías que Nico, Zotake y Luciana hacian para acompañarles, se enuncian como pensamientos dulces. No dicen que estará todo bien, pero casi. En ese sentido son un mensaje, como un envío teledirigido que salta por sobre las precariedades afectivas y políticas de este presente para pulsar en un más allá inalámbrico donde no estamos, pero con el que nos comunicamos. 



miércoles, 10 de julio de 2024

la voz y el fénomeno



Me voy de vacaciones a las imágenes, todos los días un rato y a veces, temporadas enteras. Algo muy lindo que hacía la Abuela en el living de Susana era usar la televisión como aparato telefónico. Hablaba con su hermana Difunta a través suyo porque no tenían celulares. Aprovechaba a explicarle que se había confundido y se había traído el aparato del asma, o le pedía que se quedara quieta porque en la cama le había dejado una empanada para cenar. También con su nieta habló una vez para indicar lo mala que era: "¿Sentís? Sos una mierda, viste. Susana te lo dice", todo esto en alusión a las porquerías que ésta le hacía porque vivía en su casa de favor. 

En otras ocasiones habló con gente de Miami, aprovechando que el programa salía allá, y en especial con el astrólogo Pablo al que mandó a hacer la carta natal de Susana. Con el paso del tiempo, la propia Abuela recibió algunas llamadas telefónicas en el estudio. Una vez le trajeron el celular desde fuera de cámara, y otras le sonó en su bolsita. Eran novios de Susana que pedían derecho a réplica, su nieta que le exigía le preguntase algo a Susana mientras la extorsionaba, o sus "fuentes" informándola acerca de las actividades de Susana en el fin de semana. La Abuela convocaba con su voz a todas las demás personas que componían su sketch, porque mientras ella estaba hecha de voz, peluca, mañanita, bolsa y vestido las demás eran pura palabra abierta e ilusoria. En especial Difunta que es uno de sus personajes más preciosos, y que si nos atenemos a los hechos no cuenta como personaje de Gasalla, que creó tantos, sino de la Abuela que creó varios.

Los teléfonos están presentes en muchos sketchs de Antonio. La Dra. Goodman los usa repetidas veces en su consultorio antes, durante y después de la consulta. Siempre la llamada se corta o tiene interferencias. La misma Abuela cuando está en su casa confunde el timbre del portero con el teléfono un montón de veces, casi una por vídeo, y en alguna de todas esas cree que es Susana la que está llamando. Porque los teléfonos en las visitas al living de Susana tienen también ese doble signo, no sólo son un recurso que Antonio usó sino también uno que Susana exploró por antonomasia. 

Muchísimas veces también la Abuela pidió que llamen a los números de Susana cuando se ofrecía para curar gente en una temporada, y otra cuando Difunta se perdió y no sabía dónde estaba: "Decí hola Susana porque sino no te van a atender". 

La televisión como teléfono hace hincapié en la voz y olvida la imagen aunque haya una de las dos imágenes que vemos. El efecto que se genera es el de situarnos nosotros, nuestros ojos, a este lado de la llamada porque la televisión se compromete por entero con nuestra mirada. Nosotros estamos del lado de la televisión, existimos en ese plano de la realidad y recibimos la voz (la voz y el fenómeno) desde el otro lado. Las imágenes, fantasmáticas por excelencia, convocan a la voz ajena y lejana para curarse de su fantasmagoría. Hubo una vez en que la Abuela se sentó en el escritorio de Susana junto a ella y atendió un llamado de una concursante. Era una enfermera radióloga del Garrahan que acababa de comerse una tarta de atún con una amiga. Por la magia de la televisión, la Abuela y Susana quedaban del lado de la realidad y esa mujer que no vimos, con su relato, su trabajo, su premio y su existencia, del lado de la ilusión. Para la pantalla María Delia no existía, y ellas sí.

martes, 9 de junio de 2020

Hable con ella


Mientras terminaba su matrimonio y vida profesional, Giselle Rímolo sostuvo un romance con el abogado defensor que su ex-marido había designado. La trama es de Almodovar, sin dudas. Como en esos textos, fue el deseo quien ordenó los tiempos con su misteriosa pulsion.

A los años ellos se casaron. Tomaron la antigua costumbre de las visitas en el noviazgo. Juan Gainedú visitaba tres veces por semana el zaguán de Giselle en la cárcel cuando la pandemia sorprendió, como un aguacero, a ambos personajes. Entonces las visitas fueron cambiadas por llamadas que Gainedú realiza, religiosamente, cada día a las nueve de la noche.

Es difícil, pero también conmovedor, imaginar sus llamados a esa hora donde la penumbra ya hace rato está entrada en lo largo del otoño argentino. ¿De qué hablarán en lo que va de un encierro a otro? La novela será siempre el contenido de esos diálogos, su dimensión de posibilidad inesperada. En el anacronismo de sus llamados, con el recurso analógico a la voz por toda imagen, han de ser ambos hermosos, bajo ese brillo que la distancia produce sobre los personajes.

Leí que estudia arte y se dedica a recibir estímulos educativos como parte del programa de asistencia psiquiátrica que acompaña su condena. No sabemos si ora o lee. También es difícil saber cuánto podrá cuidar su aspecto o si le continuará interesando el presente. Está encerrada no sólo en una prisión, sino también en un destiempo. Muchos de los personajes de Pedro se encuentran en situaciones similares. El coma, la cárcel, el convento y la adultez como escenificaciones del futuro, como realización espacial del futuro. Por la elipsis del cine captamos ese paso como el despegue de un cohete. Algo de eso habrá pasado por el cuerpo de Giselle durante su apabullante detención.


Después, el cumplimiento de una fantasía: la realización del tiempo. Estar en otro sitio. Poder de verás abrirse a la potencia de lo incierto. Hablar en la oscuridad. Nosotros también seríamos muy bellos si hubiéramos conservado, en nuestro pasaje de un siglo a otro, la virtud de la lejanía.






me llené de mocos

Me llené de mocos. No deben haber aparecido mágicamente, pero los noté con claridad el viernes a la tarde, en el exacto compás en que acabab...