miércoles, 10 de julio de 2024

la voz y el fénomeno



Me voy de vacaciones a las imágenes, todos los días un rato y a veces, temporadas enteras. Algo muy lindo que hacía la Abuela en el living de Susana era usar la televisión como aparato telefónico. Hablaba con su hermana Difunta a través suyo porque no tenían celulares. Aprovechaba a explicarle que se había confundido y se había traído el aparato del asma, o le pedía que se quedara quieta porque en la cama le había dejado una empanada para cenar. También con su nieta habló una vez para indicar lo mala que era: "¿Sentís? Sos una mierda, viste. Susana te lo dice", todo esto en alusión a las porquerías que ésta le hacía porque vivía en su casa de favor. 

En otras ocasiones habló con gente de Miami, aprovechando que el programa salía allá, y en especial con el astrólogo Pablo al que mandó a hacer la carta natal de Susana. Con el paso del tiempo, la propia Abuela recibió algunas llamadas telefónicas en el estudio. Una vez le trajeron el celular desde fuera de cámara, y otras le sonó en su bolsita. Eran novios de Susana que pedían derecho a réplica, su nieta que le exigía le preguntase algo a Susana mientras la extorsionaba, o sus "fuentes" informándola acerca de las actividades de Susana en el fin de semana. La Abuela convocaba con su voz a todas las demás personas que componían su sketch, porque mientras ella estaba hecha de voz, peluca, mañanita, bolsa y vestido las demás eran pura palabra abierta e ilusoria. En especial Difunta que es uno de sus personajes más preciosos, y que si nos atenemos a los hechos no cuenta como personaje de Gasalla, que creó tantos, sino de la Abuela que creó varios.

Los teléfonos están presentes en muchos sketchs de Antonio. La Dra. Goodman los usa repetidas veces en su consultorio antes, durante y después de la consulta. Siempre la llamada se corta o tiene interferencias. La misma Abuela cuando está en su casa confunde el timbre del portero con el teléfono un montón de veces, casi una por vídeo, y en alguna de todas esas cree que es Susana la que está llamando. Porque los teléfonos en las visitas al living de Susana tienen también ese doble signo, no sólo son un recurso que Antonio usó sino también uno que Susana exploró por antonomasia. 

Muchísimas veces también la Abuela pidió que llamen a los números de Susana cuando se ofrecía para curar gente en una temporada, y otra cuando Difunta se perdió y no sabía dónde estaba: "Decí hola Susana porque sino no te van a atender". 

La televisión como teléfono hace hincapié en la voz y olvida la imagen aunque haya una de las dos imágenes que vemos. El efecto que se genera es el de situarnos nosotros, nuestros ojos, a este lado de la llamada porque la televisión se compromete por entero con nuestra mirada. Nosotros estamos del lado de la televisión, existimos en ese plano de la realidad y recibimos la voz (la voz y el fenómeno) desde el otro lado. Las imágenes, fantasmáticas por excelencia, convocan a la voz ajena y lejana para curarse de su fantasmagoría. Hubo una vez en que la Abuela se sentó en el escritorio de Susana junto a ella y atendió un llamado de una concursante. Era una enfermera radióloga del Garrahan que acababa de comerse una tarta de atún con una amiga. Por la magia de la televisión, la Abuela y Susana quedaban del lado de la realidad y esa mujer que no vimos, con su relato, su trabajo, su premio y su existencia, del lado de la ilusión. Para la pantalla María Delia no existía, y ellas sí.

domingo, 7 de julio de 2024

aquí están mis ojos, y un verso de Amanda Berenguer




Aquí están mis ojos. Son el ajuar conque fui entregado al mundo. Vuelvo a abrir mis diarios íntimos porque me cuesta concentrarme, y porque la escritura desdice mi interior. A medida que toma forma, la intimidad se deshace y deja pozos en mí donde puedo volver a llenar como sorbos de té, lágrimas, sudores, gotitas de lluvia. 

Vuelvo a abrir mis diarios íntimos. Dejo pasar dragones, novelas enteras, imágenes viejas. Estamos, como dice un verso de Amanda Berenguer, al otro lado de la pantalla y alrededor nuestro se inscribe el cinematógrafo. "Hoy podrían comenzar a filmarse los sueños del universo", dice Amanda a mediados de los ochenta en un país chico del sur latinoamericano, en los crepúsculos de su dictadura. ¿Somos los sueños del universo? ¿Sus desgracias?

Vuelvo de filmar mis recuerdos, anoto día a día mis memorias, compongo la melodía de mi archivo. No nacimos con recuerdos, sino con rocas vacías, incrustadas en nosotros para conservar visiones pasajeras. Cuando describe su nacimiento, Amanda dice que hacía frío y calor, era de noche y día, estaba en el sur y en el norte. Las imágenes superpuestas, el procedimiento del oxímoron en toda la estrofa, quiere simular la apertura del pasaje, el momento mágico, qué sino, donde se abre un lado y otro y estamos entonces en presencia de la apertura. Así decía Rilke debe haberse sentido la anunciación en los ojos de María, como un ciervo solo en medio del bosque que consigue mirar hacia atrás y hacia adelante. Hay diminutos gajos de tiempo, perlas que se vuelven túneles a través de los cuales la realidad pierde consistencia. Hoy podrían comenzar a filmarse los sueños del universo, hoy podríamos recibir los anuncios del espíritu santo, hoy podríamos remedar nuestro nacimientos.

no sé quién soy / cuatro entradas de diario


Ahora me doy cuenta, cuando me siento intranquilo, que me siento desprotegido y mi cuerpo no duerme porque necesita estar atento a las acechanzas del mundo. Siento en la superficie de mi cuerpo, luego de años de pasajes por la ansiedad, los sentimientos envolverme. Veo el proceso hormiguearme las pieles con una claridad que años atrás no tenía, y en esto reside mi aprendizaje.

Bien mirada, la sabiduría que la enfermedad vino a depositar en mí era bastante simple y modesta. Sin embargo, no estaba allí con esa facilidad con que ahora, aunque la sensación persista, puedo verla y tomarla. ¿Tanto puede ser el olvido sobre nuestro cuerpo? ¿Tanto puede ser el olvido sobre el sentido? Pareciera que sí. 

La interpretación no alcanza a saltear el síntoma, pero me devuelve humanidad frente a él. Me sigue costando hablar de ansiedad sin que el término se confunda con la generalidad. No, no es una generalidad sino una forma singular de nuestra angustia. Atravesada por la época, claro, como cualquier angustia, como cualquier locura. Que a todos nos pase no le baja el precio.

Prefiero decir "enfermedad" a decir "ansiedad". ¿Cómo le contaría a un niño lo que me pasó? Le diría que me enfermé. Usaría la palabra que aparece en los cuentos, la que me recuerda por qué no salgo de casa esos días, por qué me siento más débil, por qué no puedo. Porque estoy enfermo.

Hablar de enfermedad también permite colocar la cura en el horizonte. Yo sí creo en las enfermedades y en las curas. Creo que vamos a análisis a curarnos, ¿sino para qué? Todo bien con saber que el psicoanálisis cuestiona la idea de cura... pero yo necesito decirle a mi cuerpo aquí estoy, yo te cuido, yo busco curarte. 

Entonces espero todo lo que mi cuerpo tarde en llegar a dormirse, y despejo sus alrededores para que descanse. Quiero que descanse, porque recién entonces cuando descansa mí cuerpo me cuida a mí por todo lo que yo lo cuido a él. Solo entonces, nos contamos secretos.

*

*    *

Creo las personas podemos ser de muchísimas maneras. A veces nos esforzamos por seguir un camino cuando a nuestro alrededor vemos un sinnúmero de ejercicios distintos de la vida. El otro día conocí a alguien que solo come carne, y le cuesta mucho comer verduras. Parecía feliz, tiene pareja, trabajo y una hija. Nos recibió en su casa a comer con muchísima hospitalidad y nos ayudó a hacer el guiso de lentejas. Hace años conocí a alguien que dejó la carne hace bastante y, también, ciertas cocciones del alimento. También parece feliz, tiene sus amores, sus trabajos y su hijo. 

Resulta tonto hacer la cuenta, sobre qué tiene cada uno pero a los pensamientos les sirve así. A veces yo me he sentido muy mal por no tener pareja, y un amigo de novio hace años se sentía mal al lado mío por no saber qué hacer de su vida. Yo hace tiempo sabía de la mía. Entonces cada uno un poquito, y el deseo coloreando las faltas. 

Hay días que me he sentido mal por tener panza, y me he acordado de una señora en la esquina de casa gordísima desde que soy pequeño. Ella no se murió por ser gorda, yo no me moriré por tener la panza hinchada de las harinas esta semana. No sé si está bien pensarlo así, quiero escribirlo porque quiero conocerlo. Los pensamientos suceden en borrador, pocas veces tienen formas definidas. 

Cuando tengo un problema a veces parece que abarcará todo alrededor mío, por eso está bueno decir no me voy a morir por. Cuando podemos pensar que las personas vivimos de muchas maneras estamos pudiendo pensar que vivimos con y no morimos por. Porque después nos morimos mágica y raramente, también debemos decir. 

La vida es una narrativa tácita, subterránea a todos los problemas, vicisitudes, logros y aventuras que colocamos en su superficie. La vida estaba abajo de todo eso, continúa alrededor de todo eso. Desde hace unos años me interesa pensar cuán conscientes podemos ser de esa trama sólida que pervive debajo de nuestra fragilidad, nuestro vaivén. Podríamos encontrar muchísimo poder en la observancia de ese desenvolvimiento de la vida porque ahí empieza a ser la vida, no nuestra vida. 

Las poéticas cotidianas, el ejercicio diario que hacemos de la vida, la forma en que ocupamos nuestro tiempo, cómo dormimos y despertamos, allí está el relato. No estaremos muchísimo tiempo aquí, entonces todo puede volverse más pequeño para entrar a nuestro pensamiento. Hay quienes dicen que el inconsciente sabe que moriremos, pero se hace el loco. Otros creen que no, que en verdad no sabe y cree en su propia eternidad. En todo caso nos toca a nosotros, y ese es nuestro gesto más humano, decirle que todo pasará. Adentro nuestro los pensamientos tienen un tiempo, pero alrededor nuestro hay tantísimos otros tiempos. Tal vez tenemos que enseñar a nuestros pensamientos y corazones el tiempo. Esto que aquí pasa, eso que acá sucede, esta sensación es, amor mío, el tiempo. Y estas aquí, son las personas. Mira con tus ojos dorados cómo aparecen, cómo desaparecen, cómo permanecen. Trata de encontrar, corazón mío, vida, mi vida, aprendizaje en cómo gastan sus delicadas monedas de oro.

*

*   *

Trabajo sobre mi vida, una superficie que no comprendo. Me asusto cuando no sé cómo quisiera sea lo que me rodea. En el fondo permanezco, como en un cofre, entre los alrededores de la realidad. Tanto el vacío como la existencia están en los márgenes de mis oídos y yo no les pertenezco a uno ni a otro signo.

Todas las emociones que me inundan me son desconocidas. Me rehúso a comprenderlas. En ocasiones celebro mis hazañas, y en otras las maldigo. Creo que en medio lo que hay es un común olvido. Como si mi identidad estuviera hecha de olvidos y recordaciones, y no pudiera verme. Claro que tengo miedo, pero incluso el miedo es una emoción que no comprendemos.

*

*    *

No sé muy bien quién soy. Me gusta pensar que ninguno de nosotros lo podría saber en verdad, y también que forma parte de nuestra incertidumbre humana no saberlo. Pero igual, igual me pasa que no sé quién soy. Todos estos días, un poquito me lo pregunto. Hubo montones de momentos en que podía tomar una senda, y con seguirla un tiempo más, con permanecer en ella, podía llegar al final obteniendo algo, un título, un trabajo, una identidad que dijeran quién soy por mí. Ni siquiera con mí deseo soy claro. Cuando me dicen si quiero me llamen en femenino o masculino les digo que no sé. En verdad no sé. ¿Por qué alguien sabría cuál es su género? Me parece muy lejano estar seguro de cómo quiero que sea. A veces me siento muy bien con ropa femenina, otras con ropa masculina. Cuando sé que a alguien le calienta, aminoro mucho más mi voz y me hago la distraída. Pero después cuando estoy enseñando algo a alguien, me pongo fuerte, no débil. 

El otro día escuchaba a una chica contarle una anécdota por mail a Martín Cirio, el youtuber que oigo cada día. Desde el principio la chica colocaba nombres a cada experiencia "un vínculo", "una patología del tipo", "comencé un contacto cero que duró", "entonces hubo una secuencia". Me parece muy lejano que cada situación de la vida pueda llamarse de algún modo. Cuando me preguntan qué hago y les digo que soy "escritor" y "educador", me vuelven a preguntar qué hago. Si solo les digo educador, muchas veces quieren traducirlo por maestro, profesor o qué. ¿Por qué no abrirnos a los muchos idiomas que tenemos cada persona? ¿Por qué insistir tercamente en una lengua homogénea? Más todavía con las pruebas constantes que nos ofrece el mundo de su inestabilidad alrededor nuestro. ¿Por qué querríamos ser alguien aquí?

Me pasé varios días volviendo a ver la vida de un extraterrestre este mes, y hace casi un año que por las noche oigo a Monseñor Isidro Puente Ochoa, un sacerdote mexicano enfocado en reconstruir la Iglesia a partir de la restauración de la liturgia y los seminarios menores. Él da misas en latín, haciendo una lectura heterodoxa y original de los documentos del Concilio Vaticano II. Está en Tijuana, México, y cada uno de sus sermones son grabados y subidos. Me encanta oírle hacer distinciones teológicas, contar anécdotas y argumentar en favor del sentido común. Todo lo que dice, todo lo que escucho, está muy distante de quién soy. Pero igual lo escucho, supongo que porque me gusta saber que la vida puede ser de otras maneras. Me es tan lejano el mundo que él relata que termino ensoñado, pensando cómo será la vida allá en el convento, tras las sierras.

Todo sería más fácil si fuese claro, pero mis claridades son pocas y valiosas. Mientras tanto, cada vez que podía tener una identidad, un título, un trabajo que respondiera por mí quién soy, elegí quedarme con la pregunta. Espero valga la pena.

las etiquetas de la ropa


Hoy a la tarde va a estar Campi en La peña de Morfi haciendo de Mamá Cora. Por la publicidad que vi, parece que será una mezcla de película, teatro y televisión. Los tres formatos se interceptan en la noticia ya que Campi está haciendo en teatro una versión dramática de la película que Doria trazó con la participación de Gasalla a mediados de los ochenta. Sin embargo, aquella versión cinematográfica, en la que Campi se basa para elegir su vestimenta y sus tonos de voz, estaba reescrita sobre una puesta en escena bajo las escrituras de Jacobo Langsner. Entonces Campi hace en el teatro una película que antes fue una obra de teatro. En Telefe van a pasar, de hecho, la película unas horas después del programa en que Campi y Mamá Cora estarán. 

Hasta aquí teatro y película, pero también hay televisión. No solo porque Campi va a la televisión para publicitar el teatro -y así lo dice en el aviso de la emisión de la película por Telefe por estas horas-, sino que también llevará consigo aquello que Gasalla hizo con la Abuela en televisión. En esa misma pantalla, por cierto. La Abuela fue un personaje que Antonio siempre quiso separar en sus declaraciones de la Mamá Cora interpretada en la película. Esto se ve en los textos por el cambio de vestuario y puesta en cuerpo (en la película lleva una máscara además de la peluca, mientras que en la televisión es su propio rostro con peluca), pero también por los cambios que realiza a la narrativa del personaje. En la película, la vieja está perdida, comete errores y no termina de comprender qué hacen con ella. En el programa televisivo, la vieja está repleta de ironía y maldad, siendo ella quien hace con los demás casi a sabiendas. Está perdida, pero esa pérdida no la lleva a tropezar como en el cine sino a hacer tropezar a los demás, dando cuenta de todas sus faltas y quedando ella indemne. Mientras que, por último, con Susana -y hasta la vez que estuvo con Marcelo- la vieja está lúcida, lleva adelante su vida e intenta que las vidas ajenas pasen por sus costados sin que la conduzcan ni ella conducirlas. Son tres viejas distintas, y esa multiplicidad se encuentra presente en las múltiples maneras que se la ha nombrado en la película, los sketchs y los sets televisivos: Mamá Cora, Abuela, Vieja. 

La televisión ha sabido poco, al menos a nivel consciente, acerca de estas sutilezas. Cuando querían pegarle a Antonio en Intrusos o LAM repetían que su personaje pertenecía al guionista de Esperando la carroza, sin darse cuenta de estas diferenciaciones y de una aclaración del mismo Gasalla respecto a que él ya hacía un personaje similar en el teatro por el cual Doria le llamó para ese papel. Aunque la genealogía del personaje pueda reponerse, también es cierto que hoy cuando Campi arribe al programa conducido por Lizy y Leuco tendrá todos estos malentendidos encima y con ellos proseguirá. Mamá Cora, en la película y en el teatro, cumple un rol y sigue un guion. En la televisión están la improvisación y los marcos textuales (van a ponerla en una pulpería, según vi), pero no el guion. Por ello lo que Campi hará tendrá un poco de teatro y película, pero querrá agregarle otro tanto de televisión sin darse cuenta que eran personajes distintos. 

Esto ya es algo que destina su intervención al fracaso, pero a la vez está el asunto de la necesidad de volver a reponer a Antonio en la televisión durante su ausencia. Aquello que habilita que hoy Campi interprete a Mamá Cora como si fuese la Abuela de Susana en la pantalla es la pérdida de Antonio; que él, ahora sí, ya no sepa quién es. Campi lo hace porque Gasalla ya no puede hacerlo. ¿Pero por qué seguir haciéndolo? 

Todo este asunto repercute sobre los modos que entendemos el archivo en televisión. No entiendo qué necesidad hay de volver a armar una escena que ya cumplieron, tanto Antonio como Susana, y con creces. ¿Por qué Telefe no repone en televisión las visitas de la Abuela living de Susana? ¿Por qué no las suben bien a su canal de youtube? ¿Por qué no las ponen en una plataforma de streaming? ¿Por qué la televisión es tan torpe en la gestión de sus archivos? 

Cuando sigo revisando los sketchs de Antonio, de todo tipo, encuentro comentarios contemporáneos donde se lamentan de la su ausencia en la realidad -un sitio al que Gasalla ya no pertenece-, y señalan, como modo de conformarse, que al menos ahora tenemos sus vídeos... Nos quedan horas y horas de genialidad, suelen decir, para ver cuando queramos. ¿Por qué a algunos nos alcanza con eso y a otros no? ¿Por qué la televisión no sabe eso que youtube sí? ¿Serán nuestros ojos los que cambian de una pantalla a otra? 

No voy a mirar el sketch de Campi con Lizy y Leuco. Los tres están muy lejos de la dupla legendaria. Cuando Antonio hacía de Ester Estress una vez se obsesionó con las etiquetas de la ropa. Su partenaire le decía, sentada en la cocina de un hogar de clase media tirando para baja, que qué tan grave podía pasar si lavaba en la máquina algo que decía lavado a mano. "Espero no enterarme nunca qué puede pasar", decía Ester poniendo cara de bronca, la voz firme y los ojos saltones. Bueno, así.

jueves, 4 de julio de 2024

la televisión y sus destinos


Continuo entrando y saliendo de las textualidades, como una viajera extraviada que ha perdido sus papeles de contrabando y ya no sabe cómo continuar leyendo. Me sorprende que las imágenes elegidas para representar a Alf nuevamente ante el público luego de seis años de ausencia sean imágenes televisivas. En la sala de reuniones de un comité decidido a resolver el futuro del Proyecto Alf, los oficiales que protagonizarán la película proceden a mostrar grabaciones de las pruebas de laboratorios a que el extraterreste fue sometido en los últimos seis años. En las cintas que transmiten se van salteando las fechas, yendo de un año a otro rápidamente, mientras Alf no cambia de postura ante las imágenes. Está en todas sentado, respondiendo preguntas, realizando cuestionamientos, a veces atado, otras desatado.

Así se abre la película "Proyecto Alf" en 1996, cuando se pretendía cerrar la trama inconclusa que la serie deshilachó seis años antes. La televisión fue importante para Alf como serie. Él mismo la miraba asiduamente. Willie apareció en ella a propósito de una estafa de la que fue víctima, otra Alf se coló clandestinamente en la pantalla televisiva de sus vecinos para hacer entender a Raquel que no estaba loca por haberlo visto. En una ocasión Willie y Brian fueron entrevistados por un canal local, en otra el propio Alf escribió guiones para una telenovela basándose en lo que estaban viviendo en la casa. Hubo más, puesto que Alf mismo soñó para sí un show televisivo más de una vez. La serie dedicó un capítulo doble a esta fantasía en uno de esos casos, y, en otro, los debates televisivos con motivo de las elecciones presidenciales se colaron en los ojos y los sueños de Alf y Kate.

Alf fue una fantasía hogareña, y como tal no dejó nunca de tematizar la televisión. En la película no aparece solamente al comienzo, sino que se vuelve el nudo de la trama. El ex investigador de la NASA que traicionará a los nobles soldados pretende presentar a Alf en la televisión internacional a través de una entrevista vía satélite que el ejercito llega a tiempo de detener. A diferencia de otras serie como La niñera, donde la televisión aparece tangencialmente, aquí se va volviendo omnipresente. De hecho, la casa de los Tanner es la reversividad de las imágenes. El exterior que Alf recibe llega a él a través de la pantalla, mientras que el interior que recibimos llega a nosotros a través del otro lado de esa pantalla. El interior de ese hogar y la cinta de vídeo a través de la cual vemos a Alf, su televisación, funcionan en espejo.

Por estos días, uno de los sacerdotes conservadores que escucho debatir sobre las condiciones actuales de la teología y la doctrina cristianas en sus sermones se refiere a sus vídeos de youtube (cada predicación es grabada, y luego subida) como "la televisión". Isabel de Gran Hermano entendió cuando estuvo con Martín Cirio vía stream que no podía decir malas palabras por el horario televisivo, como si las formas se equivalieran. La trama misma de las tendencias de X ha estado dominada en los últimos meses por una experiencia televisiva como es Gran Hermano. Estas supervivencias incandescentes de la televisión, contrarias a sus pronosticados finales, no nos hablan tan solo de la multiplicación e hibridación de las pantallas sino del lugar central de la televisión como fenómeno cultural para leer las demás pantallas. El efecto televisión continua, y será necesario volver a pensar qué era aquello para entender las formas presentes y sus destinos. La representación de la televisión dentro suyo, su inscripción en las series, tal como las escenas de lectura en las novelas, podría darnos algunas pistas no sobre lo que la televisión fue y es sino, lo que es más importante, sobre qué imaginamos que sea.

lunes, 1 de julio de 2024

no despiertes si sueñas amores


Las botellas de agua están sin etiqueta, como en la tele aunque estén por streaming. No solo las botellas, sino la escena en sí está limpias, llena de amplitud y comodidad. Los tonos son sobrios y pulcros, ni el azul de Cristina ni el negro de Pedro alcanzan a ser colores fuertes. Ningún objeto se destaca salvo sus rostros. A diferencia de Milei, Cristina no asoció jamás su imagen a la espontaneidad ni a la confusión. En todas sus apariciones, su construcción es endocéntrica y reclama protagonismo. Esto no es una virtud necesariamente, sino una actitud respecto al devenir de las imágenes. Las cadenas nacionales grabadas y leídas de Milei son el momento más institucional de ese líder político, mientras que de ésta apenas podríamos decir que sus escuchas telefónicas y alguna visita al piso de C5N son el más televisivo. Cristina no es una figura televisiva, sigue vistiéndose, hablando, secreteando y armando como cuando presidenta. 

Ni Alberto Fernández, Mauricio Macri o el propio Néstor Kirchner fueron expresidentes como lo ha sido ella, con un cuidado de la imagen que no es, claro, estético sino político. Su imagen es limpia y medida porque en ella se ubican un reservorio de imaginaciones que hace de límite y base al peronismo en este siglo. El paratexto colocado por Gelatina a la entrevista se vincula a esto, y coloca en texto la modulación más fuerte por parte de la productora antes de dejar vía libre a la palabra que convocan según dicen por un valor en sí misma: "Mucho mejor que ser lo nuevo que arrasa es ser lo histórico que vuelve. A 50 años de la muerte de Perón, traemos a las redes la palabra de Cristina, la dirigenta que condujo al peronismo al siglo XXI". Desde 6-7-8 que no encontraba tanta claridad y sinceridad. Me interesa ese aspecto de la declaración paratextual, pero también el que está al comienzo. En ese enunciado, además de la toma de posición, hay un reconocimiento y una lectura del momento histórico que se vive. En ese gesto, la productora, el marco textual que aloja hoy la palabra de Cristina reconoce una retórica de la derrota que es muy importante para la reformulación de cualquier imaginación política futura. Mucho mejor que ser lo nuevo que arrasa es ser lo histórico que vuelve.

En esa frase se encuentran ya los bucles temporales que la entrevista pone en escena, y que no resuelve sino que muestra en su complejidad y apertura. La traza temporal de la entrevista es todo el tiempo ambigua, por empezar por el objeto que la convoca (Perón y la distancia con su muerte), junto a quien está llamada a traducir ese objeto, ese fantasma, convocado (Cristina y su cada vez más lejano gobierno). ¿Quién es entonces "lo histórico que vuelve"? Resulta Perón, pero también Cristina. Ambas lejanías, ambas distancias vuelven en el texto de la entrevista. 

Tanto la temporalidad ambigua como la incorporación de la retórica de la derrota me parecen aciertos porque resultan convocantes de forma contemporánea e inclusivos, pero también porque permiten entrever la problemática misma del peronismo que está empezando a configurarse como suceso histórico. Al asignarse a sí mismo ese carácter, el peronismo comprende su sitio en el futuro y se lo garantiza. Demás está decir que "volver" no es un término menor a la realización de la gramática peronista. 

El tiempo es abigarrado y ambiguo no solo en esa configuración estructural de la entrevista sino en la manera en que se abordan los temas. En momentos donde Pedro quiere conducir la entrevista hacia la evocación de Perón, ella realiza algunas declaraciones sobre el presente de las que vuelve rápidamente. Tanto ella como su entrevistador retroceden del presente durante la primera parte del diálogo, resistiendo cuando aparece e incluso escamoteando datos cuando hay alguna referencia a sucesos más cercanos como la elección de Alberto o la oposición de los libertarios al "colectivismo". Esto nos haría creer que el pasado ha sido elegido como territorio del discurso, este discurso, de Cristina. No de la entrevista, sino de la intervención. Parte del cuidado de Cristina sobre su imagen se relaciona a formular cada uso de su palabra pública como intervención. 

Sin embargo, a medida que la entrevista avanza no solo el presente vuelve a aparecer, y ambos a explayarse sin problemas sobre él, sino también el futuro. De este modo, se ve futuro tanto en las intervenciones de Perón (pasado con futuro), sino también en las preocupaciones que los dirigentes deberían tener en este momento según la expresidenta señala (presente con futuro). A la vez, hay toda una zona de la coalición gobernante que es asociada durante el discurso de Cristina con las consecuencias de acciones pasadas que van desde el endeudamiento promovido por el gobierno de Macri a la debacle económica resultante de la última dictadura (presente con pasado), aunque también otra zona donde las verdades peronistas, muy presentes en este stream, son convocadas para organizar lo que vendrá (futuro con pasado). Por último también se periodizan momentos de la historia, como los gobiernos de Perón, los del kirchnerismo o, muy sagazmente, del ejercicio de la violencia por parte de las fuerzas armadas (pasado con pasado). 

Estas distintas sumatorias del tiempo constituyen una de las zonas más interesantes para leer la entrevista. Con ellas se vinculan también las actitudes de cada una de las preguntas. ¿Cómo era la Argentina en el '74?, por ejemplo, es una pregunta extraña que resulta de la operación presente-pasado, donde Pedro se ubica en el presente y deja el pasado a Cristina. Allí la operación puede ser dañina, ya que el tono de Cristina pasa a ser el de una explicación. ¿Por qué tendría que explicar ella esto? ¿No podría ser aprendido por nosotros de otra forma? Este momento pedagógico -en el mal sentido del término, por cierto- acerca su discurso al de Milei: el dirigente como aquel que responde y explica, sabe algo que la comunidad no. 

Otras preguntas incurren en zonas temporales más densas. Así ante el planteamiento de la problemática bimonetaria, Pedro pregunta si nuestro campo tiene una propuesta para eso. Allí la sumatoria es presente-futuro, donde Pedro se ubica en el presente y ella en el futuro. Allí Cristina habla como presidenta, sin sitio a la dubitación o el error como en los momentos anteriores. Ese es su tono. 





Pero entre ambas tonalidades en que transcurre la entrevista, también hay una bellísima en que ella quiere explicar un aspecto del peronismo ligado a las escenas previas. Vuelven ambos, el joven y la vieja, hasta la isla de Martín García donde el general Perón escribe cartas amañadas a Evita donde le habla de irse a vivir al sur cuando todo esto termine: pasado que fue presente que quería ser futuro. Cristina cita una película (Juan y Eva, de Paula Luque), donde de todo su cuerpo elige referirse, justamente, al final y entonces, antes de relatar la escena advierte: "Como si fuera hoy me acuerdo de la película..."

¿Cómo podría recordarse aquello que no se ha vivido? Pero no solo que no se ha vivido, ¿cómo puede recordarse, como si fuera hoy, algo que no existió? La advertencia, el comentario de Cristina intersecta ficción, historia y realidad en un solo y mismo punto donde Perón entra a un departamento y la ve a ella sentada en una mecedora atrás de las cortinas en el momento en que sus miradas se cruzan. La película termina en el momento previo al nacimiento del peronismo. De ese modo, la escena final promueve otro orden: futuro con pasado, y no al revés. Solo allí podremos encontrar las estrategias para leer y escribir el presente a que hemos sido convocados. La tensión en que la entrevista se inscribe ocupa por otra parte esa misma estructura: él y ella, Pedro y Cristina, joven y vieja, varón y mujer, pasado y futuro.

La imaginación política no se vincula a la resolución de la realidad. Mientras el peronismo quiso constituirse como epistemología se encontró con las muertes, los exilios, las proscripciones, los diecisiete de octubre, los bombardeos, los sepulcros robados, es decir, las distancias. Aquellas que a veces solo arma el tiempo y, en las películas, las miradas. El recuerdo de aquella mirada vale en la entrevista más que las demás evocaciones de Perón, porque es el momento más ilusorio de toda la intervención. En su comprensión cabe algo que la política quizás no entienda, pero las personas sí. Nuestras miradas están hechas de ese vacío, y es en ese vacío donde deben llenarse.




lunes, 27 de mayo de 2024

la morosidad de todos los aprendizajes, la necesidad de toda representación

Puede ser muy riesgoso que dejemos de educar. Las aulas que atravieso por estos días llevan consigo porciones de enojo, tristeza, mudez, desagrado y apatía. No solo por los niños que las componen, sino también por los adultos que participamos de ellas. 

Los malestares de los niños son un reflejo pormenorizado de nuestras vidas y el mundo que sostenemos, bajo la forma que lo sostengamos. Por ello, a medida que el lazo social se ha ido degradando las formas de estar de los niños en la escuela pública han ido comenzando a estallar, intensificarse, escalar. Como consecuencia, no pocas veces los adultos que educamos nos hemos visto en la necesidad de retroceder en nuestra tarea. Muchas veces también transformarla, darle nuevos sentidos, ejercerla de otros modos.

Pero quiero quedarme con el retroceso, con los pasos que van hacia atrás. Son pasos hacia atrás concretos, nada metafóricos. El momento en que Cele iba a enseñarles a los niños de 5to cómo usar las acuarelas, y los golpes de puño entre tal y tal la hicieron dar marcha atrás, soltar las acuarelas y encargarse de desatar un conflicto cuyo comienzo desconocía y se pasó días después tratando de entender. El momento en que Jime nos iba a enseñar cómo usar nuestro títere en el teatrino, y la molestia de la panza de B., que empezó este mediodía, fue en aumento. Ya ni sabemos si es cierto, porque hay veces que no quiere salir, que quiere estar, que no quiere estar. No pudimos llamar a la familia porque no contestaban, a la final se le pasó y estuvo lo más bien. El momento en que Sabri iba a dejar en claro cuáles son los límites geográficos de nuestro país, y tuvo que abandonar todo por una pelea, otra más, con los estudiantes de Secundaria.

En muchas ocasiones cuando los educadores terminamos de resolver estas escenas -que son largas y complejas, involucrando a buena variedad de actores institucionales-, nuestro momento, nuestro tiempo y espacio para enseñar se ha terminado hasta una proximidad indecisa porque puede que pronto haya paros de transporte, necesidad de reclamar mejores salarios para nuestra tarea o mal clima y la escena se desarme una vez más... porque cuando no se desarma de adentro, se desarma de afuera.

Nuestro trabajo como educadores -en especial cuando somos talleristas- es sostener escenas de aprendizaje. Por lo tanto, qué difícil está siendo propiciar escenas en que efectivamente seamos nosotras quienes conduzcamos el tiempo y el espacio hacia la enseñanza, y no veamos esa temporalidad y ese territorio continuamente interrumpidos por reclamaciones de todo tipo y con todo comienzo. Reclamos, problemas, peleas, enojos, tristezas que empezaron en la calle, en las demás aulas, en la familia, en las pantallas.

Entiendo que parte de nuestra tarea como educadores es escuchar, intentar alojar algo de todo eso. No todo, algo. Pero también entiendo, quiero entender, quiero que recordemos que parte de nuestra tarea es ser escuchados. Sé que ninguna de ambas cuestiones, escuchar y ser escuchados, sucede mágicamente. Se trabaja para eso, y ese es nuestro oficio. Sin embargo, las dificultades contemporáneas son tantísimas que muchas veces nos vemos interpelados a abandonar esa tarea...y estoy empezando a creer en las actitudes de muchas compañeras y compañeros que el abandono comienza a ser por tiempo indeterminado.

Estamos pasando de desarrollar buenas clases a contentarnos con que haya buen comportamiento, de que escriba sin errores a que por lo menos escriba, de que avance en la apropiación específica de contenidos a que por lo menos haga algo. Luego empiezan las vociferaciones gobernantes a señalar que "no entienden lo que leen" y que "la educación pública es una estafa".

¿Se han detenido a pensar todo lo que se necesita para que un niño aprenda algo? Confianza, bienestar, buena alimentación, seguridad física y emocional. Tiempo y espacio. Adultos responsables, bien pagos, cuidados, capaces de cuidar y cuidarse. Instituciones fuertes, nobles, respetadas y respetuosas. Silencio. Concentración. Focalización. Repetición. Cotidianeidad. Ceremonias. Continuidad.

Cada vez tenemos menos de todo eso, en el mundo, en la vida, en nuestras vidas. No podemos reclamarle a la escuela pública algo que no construimos en la vida pública. La escuela es el corazón de esa vida, sí, pero necesita de un cuerpo en que alojarse.

Yo no sé si esa vida en común que cada vez se ha ido degradando más y más se restaura desde su cuerpo (sus plazas, sus colectivos, sus dirigentes, sus comisiones vecinales, sus calles) o sí desde sus corazones (sus hospitales, sus congresos, sus escuelas, sus universidades). A mí me toca estar en uno de esos corazones, intentando tirar líneas de papel crepé que vayan más allá de sí.

Hoy les dije a los chicos de 6to que cuando corregí sus relatos les coloqué que les habían faltado tildes en muchos verbos, señalándoles que cuando los usamos en pasado (dije pasado para no decir pretérito, y no dije pretérito para no decir pretérito perfecto...) necesitan esa tilde para distinguirse de la primera persona del presente: yo educo, él educó. Les dije que lo puse en las correcciones, pero que cuando lo escribía sentí que escribiendo como escriben tal vez no tengan ni idea qué es un verbo, y menos su tiempo o su persona. Sin embargo, aunque les parezca chino mandarín que les ponga eso, les dije que me parecía necesario porque son estudiantes del último año de la escuela primeria. Si no lo saben, aún podemos intentar enseñarlo.

Cuando yo terminé 6to grado, hace casi dos décadas, conocía los tiempos simples y compuestos del Modo Indicativo. También sabía que existían otros dos modalidades verbales en el idioma en que nací. Podía no recordarlos todos, pero sabía dónde y cómo buscarlos. Tenía una idea, no sé si vaga o precisa, de cómo funcionaban y que existían, eran parte de la realidad. ¿Y si tratamos de reparar la transmisión dañada pedacito a pedacito?

Cada vez está más mal visto educar, corregir, señalar un camino. ¿Cuál sería la idea? ¿Qué nadie corrija a nadie, que nadie nos indique por dónde es, qué nadie nos pase, nos enlace, nos transmita, nos herede nada? ¿Dejar eso librado a la buena suerte de cada quien? Puede ser muy riesgoso que renunciemos a educar, y nos confortemos con convivir sin apedrearnos unos a otros. Porque en ese cambio siento perdemos muchísimo del valor de nuestros lazos, empezando por la riqueza que tiene vivir juntos con un sentido, un significado en común. Quisiera una vivencia compartida, una comunidad, una vida pública que no sea solo una apariencia a punto de estallar, apenas contenido, sino algo más enraizado en otros principios, prácticas y saberes como los que tiene por misión ofrecer la educación pública argentina.

Encontrémonos en la calle todo lo que quieran, pero también en la escuela. Claro que no el edificio sino la bendita instancia simbólica que representa: el pasaje de la familia a la comunidad, de la vida privada a la vida pública. La morosidad de todos los aprendizajes. La necesidad de todas las representaciones. El 25 de mayo, me dijo una vez la Noe, es como la navidad de las escuelas. No hay fecha ni acto más representativo de lo que intentamos, entre la pose y el significado, entre la escena y el aprendizaje. Aprovechemos entonces estar en la víspera de esa navidad para pedir un deseo, éste deseo.

 



me llené de mocos

Me llené de mocos. No deben haber aparecido mágicamente, pero los noté con claridad el viernes a la tarde, en el exacto compás en que acabab...