Desde
los días del aislamiento social obligatorio, suelo contrastar mis planes
cotidianos y personales con las noticias que recibo sobre mi comunidad.
Comunidad en un sentido amplio y extenso que no solo abarca a quienes conozco
sino también a quienes no en mi ciudad, pero también en mi país y los demás
países. Se trata de percibir con mayor firmeza la intromisión de otras líneas
temporales e interpretativas sobre mi vida: un anudamiento poderoso en el
aislamiento social. Deberíamos poder atender ese nudo, separando incluso ese
fenómeno, ese término, de la propagación mundial de un virus. Para mí podríamos,
metodológicamente, separar la circulación del virus del aislamiento para
permitirnos pensar qué sucedió, qué sucede aún, en ese aislamiento. No me
parece necesario discutir el acierto o desacierto de la medida sanitaria, y por
eso necesito dejar de pensarla como tal. En parte porque tampoco creo que su
construcción, sostenimiento y repercusiones se sostengan solamente o ni
siquiera en el sanitarismo.
Quiero
pensar el aislamiento desligado de sus razones para entender cuánto de nosotros
estaba predispuesto a y cómo. Una reflexión temprana de Preciado hizo hincapié
en la manera en que el aislamiento delimitaba quiénes habían sido capaces de
construir vínculos hacia el interior de una casa de quienes no. Qué sucedía con
quienes no tienen hogar, pero también con quienes no tienen personas dentro de
ese hogar. Aunque fuese una fantasía, aunque no fuese un estado permanente de
la situación, habría que pensar, por ejemplo, en los efectos de esa fantasía.
¿Qué supone fantasear con que podríamos vivir fuera de los órdenes comunes?
Dentro de ese interrogante, en Argentina también se labra la pregunta acerca de
por qué quienes más enérgicamente se opusieron a esa posibilidad retrucan la
necesidad, justamente, de esos órdenes comunes de cuyo uso se les estaba
prohibiendo en ese momento
Me
resulta desorganizador pensar en esto, pero simplemente quisiera con las
preguntas de recién ejemplificar que aún es posible que pensemos sobre esa
temporalidad, sin intentar desligarnos tan pronto de ella. ¿Qué otro tipo de
eventos marcarían el final de la cuarentena? ¿Esos eventos deberán, también,
ser de carácter mundial? ¿Qué lugar damos a la fantasía, textualizada incluso
por muchos, de que esto pueda volver a
ocurrir? ¿Qué sitio damos a ese temor?
En
nuestra generación, pocas veces las noticias,
como discurso de la vida en común, afectaron tan directamente nuestro quehacer
y sentimientos como en los comienzos del aislamiento social obligatorio. ¿Por
qué nos resultaba tan delirante ligar el discurso televisivo, la circulación
del sars-cov2 que repetían los grafs, con nuestras vidas? ¿Cómo pudimos simular
durante tanto tiempo que aquello que las imágenes hacían no tenía que ver con
nosotros? ¿No podríamos aprovechar la rotura de esa simulación para que su
sutura cosa la herida en otro sentido? ¿Qué se vuelve legible, ahora sí, rota
la simulación?
*
Termino
pensando en estas cuestiones para entender mi dificultad para vincularme con
las protestas de esta semana en contra de las políticas culturales del actual
gobierno argentino. Me pregunto si esa dificultad se encuentra en otros, cómo
la perciben, qué les provoca. La enuncio en términos personales porque es la
única forma que tengo de saber sobre ella, y todavía confío en la intimidad
como una forma de conocimiento. Sin embargo, me gustaría encontrar otro léxico
en que hablar acerca de esto.
No
me da culpa. Los discursos que veo circular a mi alrededor (y estoy llamando
alrededor a los estados de whatsapp que visualizo y leo cada día, y no sé si
hago bien…), vuelven sobre lugares comunes no solo sobre las ideas de resistencia sino también de lucha, calle, arte y cultura. Encuentro poca interpelación en
todo ello, solo identificación. Miento diciendo que solo whatsapp, también me
sucede frecuentando las notas de Página 12 y sus comentarios al pie. Todo me va
pareciendo esperable, y quizás por ello mismo no creo que tenga efectos
políticos. La manifestación, el descontento, la oposición parecen ruidos de
fondo con los que se avanzará igual porque su permanencia a lo largo del tiempo
los han vuelto inaudibles para muchísimas personas.
Tampoco
sé si permiten pensar, y como señaló Daniel Link, para eso hemos sido educados.
No solo para quejarnos. No sé cuánto nos permite la queja pensar. Cuánto
obtura, cuánto habilita. Me estoy preguntando con esto si en verdad el haber
tenido este dinero disponible nos ha educado o no, y si somos capaces de pensar
sin dinero. Como un síntoma, vuelvo a leer las investigaciones de mi admirada
Analía Gerbaudo acerca de aquello que se denominó grupos parauniversitarios
que, durante la última dictadura cívico-militar, hicieron de contraofensiva a
las formas estatales de enseñanza y circulación de las ideas en Argentina. En
especial, de teoría y crítica literaria. Accediendo a la memoria de aquellas
gestas, sutiles y poco pintorescas, vuelvo a preguntarme por las condiciones
materiales del desarrollo cultural. En una hipótesis arriesgada y de largo
alcance, Ana señala que fue aquel arrojo el que permitió que luego, pese a las
frágiles condiciones de la democracia argentina, se sostuviesen la lectura, la
escritura y la enseñanza públicas en las décadas siguientes en el país:
Una
práctica que consolida y fortifica el hacer futuro: si se pudo vencer el
te(m)(rr)or provocado por el ejercicio de sostener la lectura y la escritura en
tiempos de dictadura, ¿cómo no se habrían de vencer los obstáculos que se
presentarían después? A pesar de las constricciones de diferente orden que van
a atravesar hasta desgarrar el tejido social de la Argentina de la posdictadura
(en especial hacia 2001), es posible detectar en estas operaciones
aparentemente inocuas de resistencia cultural generadas durante la dictadura
las claves que permiten entender cómo pudo sostenerse después la enseñanza en la
universidad pública, la investigación, la producción de literatura, crítica y
teoría.
Supongo
que si en verdad somos una generación de cristal no debiera extrañarnos nos
haya tocado una democracia de cristal. Por eso me pregunto qué es posible
dentro nuestro cuando el afuera nos condiciona. También qué medidas debiéramos
tomar, no solo en la preocupación por los organismos de financiación cultural
de nuestro país sino respecto a situaciones de mayor alcance y afectación común
como los avances de estados paralelos, como el que vemos en Ecuador crecer
respecto al narcotráfico, alianzas internacionales crueles, como los que signan
el destino del pueblo palestino e israelí en nuestros noticieros,
transformaciones vertiginosas de aquello que entendemos por clima, como las que
oímos suceden en cantidad de provincias de nuestro país. Quiero decir, tal vez
erramos al creer que nuestra ofensiva es respecto al gobierno argentino y no a
las condiciones de vida.
Para
mí está bien que esperemos menos libertad
de nuestras vidas por-venir. Tenemos que aprender cómo inscribir las
temporalidades comunes a la nuestra. Entender que no se trata de nosotros,
menos de lo que nos importe.
Tres textos
La
esquela de Daniel Link para Perfil
fue publicada también tempranamente, el 24 de noviembre pasado. Se llama “Menem
lo hizo” y puede leerse aquí: https://www.perfil.com/noticias/columnistas/menem-lo-hizo-24-111-2023.phtml
La
intervención de Paul Preciado fue publicada originalmente en ArtForum, sitio que desconozco, y
reproducida por nuestra local Página 12
el 3 de abrirl de 2020. Se llama “La conjura de los perdedores” y puede leerse
aquí: https://www.pagina12.com.ar/256540-paul-b-preciado-en-cuatentena-la-conjura-de-los-perdedores
El
artículo de investigación de Analía Gerbaudo se desprende de su trabajo en el
CONICET y su participación en un proyecto de colaboración internacional sobre
las condiciones de institunalización de las humanidades en algunos países de
América y Europa. En este caso, realiza una lectura del segundo número de la
revista Lecturas críticas, aparecida
fugazmente durante la última dictadura y los comienzos de la transición. El
artículo es de 2017, se llama “La contraofensiva parauniversitaria durante la
última dictadura argentina: el caso de Lecturas
críticas”. Puede leerse aquí: https://ahira.com.ar/estudios-criticos/la-contraofensiva-parauniversitaria-durante-la-ultima-dictadura-argentina-el-caso-de-lecturas-criticas/